SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL

Cambio climático - Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático

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ACUERDOS INTERNACIONALES
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  PRINCIPALES PREGUNTAS SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO (*)

 

Pregunta 1

¿Cómo puede contribuir el análisis científico, técnico y socioeconómico a la determinación de los factores que constituyen una interferencia antropogénica peligrosa con el sistema climático, tal y como hace referencia el Artículo 2 de la Convención Marco sobre el Cambio Climático?

 

Convención Marco sobre el Cambio Climático, Artículo 2:

"El objetivo último de la presente Convención y de todo instrumento jurídico que adopte la Conferencia de las Partes es lograr, de conformidad con las disposiciones pertinentes de la Convención, la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible."

 

1.1 Las ciencias naturales, técnicas y sociales pueden aportar la información y las pruebas esenciales para determinar qué es una "interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático". Al mismo tiempo, dicha decisión constituye un juicio de valor determinado mediante procesos sociopolíticos, teniendo en cuenta factores como el desarrollo, la equidad y la sostenibilidad, además de la incertidumbre y el riesgo. Los datos científicos ayudan a reducir la incertidumbre y aumentar los conocimientos, y pueden servir como una aportación para la consideración de medidas de precaución.1 Las decisiones se basan en evaluaciones sobre el riesgo, y conducen a los responsables de políticas a tomar decisiones de gestión de riesgos sobre las medidas y políticas.2

1 Las condiciones que justifican las medidas preventivas se describen en el Artículo 3.3 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC).

2 Los riesgos asociados con un fenómeno determinado se definen simplemente como la probabilidad de que ocurra ese fenómeno, multiplicado por la magnitud de sus consecuencias. Hay varios marcos de decisión que pueden facilitar la evaluación y gestión del riesgo. Estos son, entre otros, el análisis de costos y beneficios, el análisis de rentabilidad, el análisis de atributos múltiples y el de las ventanas tolerables. Dichas técnicas ayudan a diferenciar los niveles de riesgo asociados con posibles futuros, pero en todos los casos estos análisis se caracterizan por un elevado grado de incertidumbre.

1.2 Las bases para determinar lo que constituye una "interferencia antropogénica peligrosa" varían según las regiones, y dependen tanto de la naturaleza y las consecuencias locales de los impactos del cambio climático como de la capacidad de adaptación disponible para hacer frente a ese cambio climático.

También dependen de la capacidad de mitigación, ya que tanto la magnitud como la velocidad del cambio son factores importantes. Los tipos de respuesta a la adaptación que se seleccionen dependen de la eficacia de varias respuestas para la adaptación o mitigación para reducir las vulnerabilidades y mejorar la sostenibilidad de los sistemas que apoyan la vida. No hay un conjunto ideal de políticas que pueda aplicarse de forma universal. Es importante tener en cuenta la solidez de las diferentes medidas políticas frente a una serie de posibilidades futuras, y el grado en que dichas políticas climáticas específicas se pueden integrar con las políticas de desarrollo sostenible más generales.

1.3 El Tercer Informe de Evaluación (TIE) proporciona una evaluación de nuevos datos y pruebas científicas que puedan ayudar a los responsables de formulación de políticas que deben determinar lo que constituye una ‘interferencia antropógena peligrosa en el sistema climático’. En primer lugar, proporciona unas nuevas proyecciones sobre las concentraciones futuras de gases de efecto invernadero en la atmósfera, pautas regionales y mundiales de cambios y la velocidad de los cambios en las temperaturas, las precipitaciones, el nivel del mar y los fenómenos climáticos extremos. También examina la posibilidad de cambios repentinos e irreversibles en la circulación de los océanos y en las principales capas de hielo. En segundo lugar, suministra una evaluación de los impactos biofísicos y socioeconómicos del cambio climático, en lo que se refiere a los riesgos a sistemas únicos y amenazados, los riesgos asociados con fenómenos meteorológicos extremos, la distribución de los impactos, los impactos agregados y los riesgos de fenómenos a gran escala y de grandes impactos. En tercer lugar, proporciona una evaluación sobre las posibilidades de lograr una amplia gama de niveles de concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero mediante medidas de mitigación, así como información sobre cómo se puede reducir la vulnerabilidad mediante la adaptación al cambio.

1.4 En lo que se refiere a la magnitud y velocidad de los cambios en el sistema climático, el TIE proporciona proyecciones basadas en escenarios sobre las concentraciones futuras de gases de efecto invernadero en la atmósfera, las pautas regionales y mundiales de cambios y la velocidad de dichos cambios en la temperatura, las precipitaciones, el nivel del mar, y los cambios en los fenómenos climáticos extremos. También examina la posibilidad de cambios repentinos e irreversibles en la circulación de los océanos y en las principales capas de hielo.

1.5 El TIE estudia los impactos biofísicos y socioeconómicos del cambio climático. Expresa cinco motivos de preocupación:

  •          Riesgos a sistemas únicos y amenazados

  •          Riesgos asociados con fenómenos meteorológicos extremos

  •          Distribución de los impactos

  •          Impactos agregados

  •          Riesgo de fenómenos a gran escala y de gran impacto.

En este punto es de gran importancia evaluar la probabilidad de valores de umbral críticos a partir de los cuales los sistemas humanos y naturales muestran cambios irreversibles, repentinos o a gran escala como respuesta ante un cambio climático. Como no hay un único indicador único (por ejemplo, una unidad monetaria) que capte la gama de riesgos que presenta el cambio climático, se precisan una serie de diversos enfoques y criterios analíticos para evaluar los impactos y para facilitar las decisiones sobre la gestión del riesgo.

1.6 En lo que se refiere a las estrategias para abordar el cambio climático, el TIE ofrece una evaluación de las posibilidades de lograr niveles diferentes de concentraciones a través de medidas de mitigación e información sobre cómo la adaptación puede reducir la vulnerabilidad. La causalidad funciona en ambos sentidos. A partir de diferentes escenarios de emisiones, que están conectados a vías de desarrollo subyacentes, resultan diferentes niveles de estabilización. A su vez, estas vías de desarrollo afectan en gran medida la capacidad de adaptación de cualquier región. De esta manera, las estrategias de adaptación y mitigación se conectan dinámicamente con los cambios en el sistema climático y con las perspectivas de adaptación del ecosistema, la producción de alimentos y el desarrollo económico sostenible.

1.7 Un enfoque integrado del cambio climático tiene en cuenta la dinámica del ciclo completo de causas y efectos interrelacionados en todos los sectores afectados. La Figura 1-1 muestra el ciclo, desde las fuerzas motoras subyacentes de población, economía, tecnología y gobierno, pasando por los gases de efecto invernadero y otras emisiones, los cambios en el sistema climático físico, los impactos en el sistema humano y biofísico, hasta la adaptación y la mitigación, para volver de nuevo a las fuerzas motoras. La figura presenta una visión esquemática de un marco ideal de "evaluación integrada", en el que interactúan todos los componentes del problema del cambio climático. Los cambios en una parte del ciclo influencian los otros componentes de forma dinámica, a través de múltiples vías. El TIE proporciona información y pruebas de importancia política en lo que se refiere a todos los cuadrantes de la Figura 1-1. En particular, se ha aportado una nueva contribución en el cuadrante inferior derecho de la figura, con el estudio de vías alternativas de desarrollo y sus relaciones con las emisiones de gases de efecto invernadero, y con la realización de trabajos preliminares sobre los vínculos entre adaptación, mitigación, y vías de desarrollo. Sin embargo, el TIE no ofrece una evaluación totalmente integrada sobre el cambio climático ya que nuestros conocimientos de dicho problema son todavía incompletos.

1.8 La adopción de decisiones sobre el cambio climático es esencialmente un proceso secuencial que se desarrolla en el marco de incertidumbre general. En ese proceso se debe trabajar en condiciones de incertidumbre, que incluye los riesgos de cambios irreversibles y/o no lineales, sopesar los riesgos medidas excesivas o insuficientes, y considerar en detalle las consecuencias (ambientales y económicas), su probabilidad y la actitud de la sociedad frente a dichos riesgos. Es posible que dicha actitud varíe de un país a otro y de una generación a otra. La pregunta clave es ¿cuál es la mejor vía a corto plazo si tenemos en cuenta el cambio climático proyectado a largo plazo y las incertidumbres que lo acompañan?

1.9 Los impactos del cambio climático forman parte de la cuestión más general de la interacción de los complejos subsistemas sociales, económicos y ambientales, y su influencia en las perspectivas de un desarrollo sostenible. Existen múltiples vínculos. El desarrollo económico afecta al equilibrio del ecosistema y, a su vez, se ve afectado por el estado del ecosistema; la pobreza puede ser resultado y causa de la degradación ambiental; es probable que los estilos de vida basados en una utilización intensa de energía y materiales, y en niveles constantemente elevados de consumo, apoyados por recursos no renovables y un rápido crecimiento demográfico no sean compatibles con las vías de desarrollo sostenible; y las desigualdades socioeconómicas extremas dentro de una comunidad determinada y también entre distintas naciones pueden debilitar la cohesión social que podría posibilitar la sostenibilidad y hacer más eficaces las respuestas de política. Al mismo tiempo, las decisiones sobre políticas socioeconómicas y tecnológicas adoptadas por motivos ajenos al clima tienen importantes implicaciones en las políticas climáticas y en los impactos sobre el cambio climático, así como otros problemas ambientales (véase la Pregunta 8). Además, los umbrales críticos de los impactos y la vulnerabilidad a los impactos del cambio climático tienen una relación directa con las condiciones ambientales, sociales y económicas, y con la capacidad institucional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Figura 1-1: Cambio climático-un marco integrado. Representación esquemática y simplificada de un marco de evaluación integrado para la consideración de los cambios climáticos antropogénicos. Las flechas amarillas indican el ciclo de causa a efecto entre los cuatro cuadrantes mostrados en la figura, y la flecha azul indica la respuesta de la sociedad ante los impactos del cambio climático. Para los países desarrollados y los países en desarrollo, cada vía de desarrollo socioeconómico investigada en el Informe Especial del IPCC muestra fuerzas impulsoras que dan lugar a emisiones de gases de efecto invernadero, aerosoles, y sus precursores-siendo el dióxido de carbono (CO2) el más importante de ellos. Las emisiones de gases de efecto invernadero se acumulan en la atmósfera, cambiando las concentraciones y perturbando el equilibrio natural con arreglo a procesos físicos tales como la radiación solar, la formación de nubes y las precipitaciones. Los aerosoles también agravan la contaminación de la atmósfera (produciendo, por ejemplo, la lluvia ácida) que daña los sistemas naturales y humanos (no se muestra). El mayor efecto invernadero inicia cambios climáticos que se prolongarán en el futuro y tendrá efectos asociados sobre los sistemas naturales y humanos. Existe la posibilidad de algún tipo de reacción entre los cambios en estos sistemas y el clima (no se muestra)-por ejemplo, los impactos sobre el albedo producidos por el cambio en el uso de las tierras-y otras interacciones, tal vez más importantes, entre dichos sistemas y las emisiones atmosféricas, por ejemplo los efectos de los cambios en el uso de las tierras (tampoco se muestra). Estos cambios han de tener en definitiva efectos sobre las vías de desarrollo socioeconómico. Las vías de desarrollo tienen también efectos directos sobre los sistemas naturales (que se muestran por la flecha en sentido contrario a las agujas del reloj desde el recuadro de desarrollo), tales como los cambios en los usos de las tierras que conducen a la deforestación. Esta figura indica que existen diferentes dimensiones del problema del cambio climático, en un ciclo dinámico caracterizado por unos intervalos temporales importantes. Las emisiones y los efectos, por ejemplo, están vinculados, de forma compleja, con las vías de desarrollo socioeconómico y tecnológico. Una importante contribución del TIE ha sido la consideración de forma explícita de los aspectos que figuran en el ángulo inferior derecho (que se muestra como un rectángulo), mediante un examen de las relaciones existentes entre las emisiones de gases de efecto invernadero y las vías de desarrollo (véase el IEEE), y una evaluación de los trabajos preliminares sobre los nexos entre adaptación, mitigación, y vías de desarrollo (GTII y GTIII). Sin embargo, el TIE no hace una evaluación totalmente integrada del cambio climático, ya que no todos los componentes del ciclo se pueden vincular de forma dinámica. La adaptación y la mitigación aparecen como factores que modifican los efectos que se ilustran en la figura.

 

1.10 Como resultado de esto, las políticas climáticas pueden ser más eficaces cuando se integran en estrategias más amplias diseñadas para hacer más concebidas las vías de desarrollo nacional y regional. Esto sucede porque los impactos de la variabilidad y los cambios naturales del clima, las respuestas de las política al problema, y el desarrollo socioeconómico asociado afectan a la capacidad de los países para alcanzar los objetivos del desarrollo sostenible, y la persecución de estos objetivos tendrá un efecto en las posibilidades y resultados de las políticas climáticas. En particular, las características socioeconómicas y tecnológicas de las diferentes vías de desarrollo van a afectar en gran medida las emisiones, la rapidez y magnitud del cambio climático, sus impactos, la capacidad para adaptarse y la capacidad para mitigar sus consecuencias. El Informe Especial del IPCC: Escenarios de Emisiones (IEEE, véase el Recuadro 3-1) esboza una serie de situaciones futuras plausibles con diferentes características. Cada una de ellas tiene distintas implicaciones en el clima futuro y en las políticas climáticas.

1.11 El TIE evalúa la información disponible sobre el tiempo, las oportunidades, los costos, beneficios e impactos de varias opciones de mitigación y adaptación. Indica que existen oportunidades para que los países que actúen de forma independiente, y en cooperación entre ellos, para reducir los costos de mitigación y adaptación, y asegurar los beneficios asociados con el desarrollo sostenible.

 

Pregunta 2

¿Cuáles son las pruebas, causas y consecuencias de los cambios en el clima terrestre desde la época preindustrial?

a. ¿Ha cambiado el clima de la Tierra desde la época preindustrial a escala regional y/o mundial? Si ha sido así, ¿qué parte puede atribuirse a la actividad humana y qué parte a los fenómenos naturales? ¿En qué nos basamos para definir esta atribución de responsabilidad?

b. ¿Qué se conoce sobre las consecuencias ambientales, sociales y económicas de los cambios climáticos desde la época preindustrial, y especialmente en los últimos 50 años?

 

2.1 Esta respuesta se centra en los patrones de medida clásica del clima (temperatura, precipitación, niveles del mar y fenómenos extremos tales como inundaciones, sequías y tormentas), en otros componentes del sistema climático terrestre (por ejemplo, los gases de efecto invernadero, los aerosoles y los sistemas ecológicos), y en la salud humana y los sectores socioeconómicos. El cambio climático, tal y como se define por el IPCC, se refiere a importantes variaciones estadísticas que persisten durante un período prolongado, normalmente de decenios o incluso más. Incluye desplazamientos en la frecuencia y magnitud de fenómenos meteorológicos esporádicos, además del aumento continuo y lento en la temperatura media de la superficie de la Tierra. Por lo tanto, aquí nos ocupamos de las variaciones climáticas y meteorológicas en todas las escalas temporales y espaciales, lo que abarca las fuertes tormentas breves y repentinas, los fenómenos estacionales como los producidos por El Niño, hasta las sequías que duran decenios, y los cambios de temperaturas y la variación de las capas de hielo que se han producido a lo largo de siglos. Aunque la mayor parte de las variaciones climáticas a corto plazo se consideran naturales en la actualidad, esta pregunta aborda sus impactos por que representan un tipo de cambio que puede ser más duradero en el clima futuro, debido a la acción perturbadora de la actividad humana (véase la Pregunta 4). La atribución se define como el proceso que permite identificar, con un determinado nivel de confianza, las causas más probables del cambio detectado. Nos ocupamos tanto del cambio climático atribuible al hombre, como del cambio climático que pueda ser causado actualmente por factores naturales, pero que puede verse modificado por influencia humana en el futuro (véase el Recuadro 3-1).

2.2 El sistema climático terrestre ha cambiado de manera importante a escala nacional y mundial desde la época preindustrial, y algunos de estos cambios se pueden atribuir a actividades humanas.

2.3 Las emisiones de gases de efecto invernadero y aerosoles debidas a actividades humanas siguen alterando la atmósfera de maneras que se proyecta que, según se prevé, afecten al clima (véase el Cuadro 2-1).

2.4 Las concentraciones de gases de efecto invernadero, en la atmósfera y su forzamiento radiactivo total, han aumentado generalmente a lo largo del siglo XX como resultado de las actividades humanas. Casi todos los gases de efecto invernadero alcanzaron niveles sin precedentes durante el decenio de 1990 y continúan aumentando (véase la Figura 2-1). El dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4) atmosféricos han variado en gran medida durante los ciclos glaciar e interglaciar de los últimos 420.000 años, pero incluso las máximas de estos primeros valores registrados eran mucho menores que las concentraciones atmosféricas que se observan en estos momentos. En términos del forzamiento radiactivo causado por los gases de efecto invernadero emitidos por actividades humanas, el CO2 es el más importante de todos y el CH4 el segundo. De 1750 al 2000, la concentración del CO2 aumentó en un 31±4 por ciento, y la del CH4 en un 151±25 por ciento (véase el Recuadro 2-1 y Figura 2-1). Estas tasas de aumento no tienen precedentes. La combustión de combustibles tradujo durante el decenio de 1980 una media de emisiones de 5,4 Gt C año-1, cifra que se aumentó a 6,3 Gt C año-1 durante el decenio de 1990. Cerca de tres cuartos partes del aumento del CO2 atmosférico durante el decenio de 1990 se debieron a la combustión de combustibles fósiles, y el resto puede atribuirse cambios en el uso de las tierras, incluida la deforestación. Durante el siglo XIX y la mayor parte del XX, la biosfera terrestre era una fuente neta de CO2 atmosférico, pero se convirtió en un sumidero neto antes de finales del siglo XX. Se puede determinar un aumento del CH4 con emisiones procedentes de usos de energía, ganadería, el cultivo del arroz y los vertederos. El aumento en las concentraciones de otros gases de efecto invernadero-particularmente el ozono estratosférico (O3), tercero en orden de importancia-se puede atribuir directamente a la combustión de combustibles fósiles, además de otras emisiones agrícolas e industriales.

 

Recuadro 2-1: Indicaciones sobre confianza y probabilidad.

Cada vez que procede, los autores del Tercer Informe de Evaluación han asignado niveles de confianza que representan su juicio colectivo sobre la validez de una conclusión basada en las pruebas observadas, los resultados de simulaciones, y los conocimientos teóricos examinados. En el texto del Informe de síntesis al TIE en relación con las conclusiones del GTI se han empleado las siguientes expresiones: prácticamente cierto (más de un 99 por ciento de posibilidad que el resultado sea verdadero); muy probable (90-99 por ciento de posibilidad); probable (66-90 por ciento de posibilidad); medianamente probable (33-66 por ciento de posibilidad); improbable (10-33 por ciento de posibilidad); muy improbable (1-10 por ciento de posibilidad); y excepcionalmente improbable (menos del 1 por ciento de posibilidad). Una gama explícita de incertidumbre (±) es una gama probable. Las estimaciones de confianza relacionadas con las conclusiones del GTII son: muy alta (95 por ciento o mayor), alta (67-95 por ciento), media (33-67 por ciento), baja (5-33 por ciento), y muy baja (5 por ciento o menos). No se han asignado niveles de confianza en el GTIII.

 

Cuadro 2-1: Cambios en la atmósfera, clima y sistema biológico terrestre durante el siglo XX.a

Indicadores de concentración

Indicador

Cambios observados

Concentración atmosférica de CO2

288 ppm durante el período 1000-1750 a 368 ppm en el año 2000 (31 ± 4 por ciento de aumento).

Intercambio en la biosfera terrestre de CO2

Fuente acumulada de unas 30 Gt C entre los años 1800 y 2000, pero sumidero neto de unos 14 ± 7 Gt C durante el decenio de 1990.

Concentración atmosférica de CH4

700 ppb durante el período 1000-1750 a 1.750 ppb en el año 2000 (aumento del 151 ± 25 por ciento).

Concentración atmosférica de N2O

270 ppb durante el período 1000-1750 a 316 ppb en el año 2000 (aumento del 17 ± 5 por ciento).

Concentración troposférica de O3

Aumento del 35 ± 15 por ciento entre los años 1750- 2000, con variaciones según las regiones.

Concentración estratosférica del O3

Disminución en los años 1970-2000, con variaciones según la altitud y latitud.

Concentraciones atmosféricas de HFC, PFC, y SF6

Aumento en todo el mundo durante los últimos 50 años.

Indicadores meteorológicos

Indicador

Cambios observados

Temperatura media mundial de la superficie

Aumento en el 0,6 ± 0,2° C en el siglo XX; la superficie de la Tierra se ha calentado más que los océanos (muy probable).

Temperatura en la superficie del Hemisferio Norte

Aumento durante el siglo XX más que en otro siglo de los últimos 1.000 años; el decenio de 1990 ha sido el más cálido del milenio (probable).

Temperatura diurna de la superficie

Disminución en el período 1950-2000 en las zonas terrestres; las temperaturas mínimas nocturnas han aumentado el doble de las temperaturas máximas diurnas (probable).

Días calurosos/índice de calor

Aumento (probable).

Días de frío/heladas

Disminución en casi todos las zonas terrestres durante el siglo XX (muy probable).

Precipitaciones continentales

Aumento en un 5-10 por ciento en el siglo XX en el Hemisferio Norte (muy probable), aunque han disminuido en algunas regiones (como en África del Norte y occidental y partes del Mediterráneo).

Precipitaciones fuertes

Aumento en latitudes medias y altas en el Norte (probable).

Frecuencia e intensidad de las sequías

Aumento del clima seco estival y las consiguientes sequías en algunas zonas (probable). En algunas regiones, como en partes de Asia y África, parecen haberse acentuado la frecuencia e intensidad de las sequías en los últimos decenios.

Indicadores fisicos y biológicos

Indicador

Cambios observados

Media mundial del nivel del mar

Aumento a una velocidad media anual de 1 a 2 mm durante el siglo XX.

Duración de las capas de hielo en ríos y lagos

Disminución de unas 2 semanas en el siglo XX, en las latitudes medias y altas del Hemisferio Norte (muy probable).

Extensión y espesor del hielo marino en el Ártico

Disminución en un 40 por ciento en los últimos decenios desde finales del verano a principios del otoño (probable) y disminución de su extensión en un 10-15 por ciento desde el decenio de 1950, en primavera y verano.

Glaciares no polares

Retiro generalizado durante el siglo XX.

Capa de nieve

Disminución de su extensión en un 10 por ciento desde que se registran observaciones por satélite en los años 1960 (muy probable).

Permafrost

Fusión, calentamiento y degradación en las zonas polares, subpolares y regiones montañosas.

Fenómenos asociados con El Niño

Mayor frecuencia, persistencia e intensidad durante los últimos 20-30 años, en relación con los últimos 100 años.

Época de crecimiento

Aumento de 1 a 4 días por decenio durante los últimos 40 años en el Hemisferio Norte, especialmente en las latitudes altas.

Área de distribución de plantas y animales

Desplazamiento de plantas, insectos, pájaros y peces hacia los polos o hacia altitudes más altas.

Cría, floración y migración

Adelanto de la floración, la llegada de las primeras aves, la época de cría y la aparición de los insectos en el Hemisferio Norte.

Decoloración de arrecifes de coral

Aumento de la frecuencia, especialmente durante los fenómenos asociados con El Niño.

Indicadores Económicos

Indicador

Cambios observados

Pérdidas económicas relacionadas con fenómenos meteorológicos

Aumento de las pérdidas mundiales, ajustadas a la inflación, en un orden de magnitud durante los últimos 40 años (véase la Figura 2-7 en P2). Una parte de la tendencia ascendente está vinculada a factores socioeconómicos, y otra parte, a factores climáticos.

a. Este cuadro sólo proporciona ejemplos de cambios fundamentales observados, y no es una lista exhaustiva. Incluye cambios atribuidos a los cambios climáticos antropogénicos y cambios que pueden haber sido causados por variaciones naturales o por cambios antropogénicos. Se indican los niveles de confianza cuando el Grupo de Trabajo correspondiente los evalúan de forma explícita.

2.5 El forzamiento radiactivo proveniente del aumento de los gases de efecto invernadero antropogénicos desde la época preindustrial es positivo (calentamiento), aunque con una pequeña gama de incertidumbre, el de los efectos directos de los aerosoles es negativo (enfriamiento) y más reducido, y el forzamiento negativo procedente de los efectos indirectos de los aerosoles (en las nubes y en el ciclo hidrológico) puede ser elevado, pero aún no se ha cuantificado bien. Los factores clave antropogénicos y naturales causantes del cambio en el forzamiento radiactivo desde 1750 a 2000 aparecen en la Figura 2-2, donde los factores con forzamiento radiactivo cuantificable se muestran con barras anchas y de color. Sólo se estiman algunos de los efectos de los aerosoles, que se indican como gamas. También se muestran otros factores -además de los componentes atmosféricos- entre ellos la irradiación solar y el cambio en el uso de las tierras. Los aerosoles estratosféricos provenientes de grandes erupciones volcánicas (particularmente durante los años 1880- 1920 y 1960-1994) han llevado a forzamientos negativos significativos, aunque de corta vida, que no aparecen, por no ser muy importantes si se considera todo el período desde la época preindustrial. La suma de los factores cuantificados en la Figura 2-2 (gases de efecto invernadero, aerosoles y nubes, uso de las tierras (albedo), e irradiación solar) es positiva, pero no incluye el forzamiento negativo y potencialmente amplio de los efectos indirectos de los aerosoles. El cambio total del forzamiento radiactivo desde la época preindustrial continúa siendo útil para estimar en términos mundiales la respuesta de la temperatura media de la superficie de la Tierra frente a las perturbaciones naturales y humanas. Sin embargo, la suma de los forzamientos no es necesariamente un indicador de los aspectos detallados de las posibles respuestas climáticas tales como los cambios climáticos regionales. Los datos referentes a la segunda mitad del siglo XX (que no aparecen) indican que el forzamiento positivo debido a los gases de efecto invernadero bien mezclados ha aumentado rápidamente durante los últimos cuatro decenios y, en contraste, la suma de los forzamientos naturales ha sido negativa durante los últimos dos (e incluso posiblemente los últimos cuatro decenios).

 
 

 

 

 

 

 

Figura 2-1: Los registros de cambios ocurridos en la composición atmosférica durante el último milenio indican un rápido aumento de gases de efecto invernadero y de aerosoles de sulfato, que se puede atribuir principalmente al crecimiento industrial desde el 1750. Los tres paneles superiores muestran las crecientes concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), y óxido nitroso (N2O) durante los últimos 1.000 años. Los primeros datos esporádicos tomados del aire atrapado en el hielo (símbolos) coinciden con las observaciones atmosféricas continuas en los últimos decenios (líneas continuas). Estos gases se encuentran bien mezclados en la atmósfera, y sus concentraciones reflejan las emisiones de fuentes en todo el planeta. La estimación del forzamiento radiativo positivo de estos gases se indica en la escala situada en la parte derecha. El panel inferior muestra la concentración de sulfatos en testigos de hielo tomados de Groenlandia (que se muestra con líneas correspondientes a tres testigos diferentes) de los que se han suprimido los efectos episódicos de erupciones volcánicas. Los aerosoles de sulfato provenientes de las emisiones de dióxido de azufre (SO2) se depositan en la superficie, y no se mezclan bien en la atmósfera. Específicamente, el aumento de sulfato depositado en Groenlandia se atribuye a las emisiones de SO2 de Estados Unidos y Europa (mostradas como símbolos), y ambos muestran un descenso en los últimos decenios. Los aerosoles de sulfato producen un forzamiento radiativo negativo.

 

 

Figura 2-2: La influencia de los factores externos sobre el clima puede compararse en términos generales utilizando el concepto de los forzamientos radiativos. Dichos forzamientos radiativos surgen de los cambios en la composición atmosférica, la alteración de la reflectancia de la superficie terrestre, debida a cambios en el uso de las tierras, y la variación de la producción del sol. Con la excepción de la variación solar, hay alguna forma de actividad humana asociadas con cada uno de estos fenómenos. Las barras rectangulares representan las estimaciones de las contribuciones de estos forzamientos, algunos de los cuales producen calentamiento y otros, enfriamiento. No se muestran los forzamientos debidos a fenómenos volcánicos, que causan forzamientos negativos que sólo duran unos años. El efecto indirecto de los aerosoles que se indica son los efectos sobre el tamaño y el número de pequeñas gotitas en las nubes. Tampoco se muestra un segundo efecto indirecto de los aerosoles sobre las nubes, concretamente, su efecto sobre el tiempo de vida de la nube, l que también produciría un forzamiento negativo. Los efectos de la aviación sobre los gases de efecto invernadero se incluyen en cada una de las barras. La línea vertical que se cruza las barras rectangulares indica una gama de estimaciones, que se guían por el abanico de los valores publicados de los forzamientos y por nuestros conocimientos actuales de los aspectos físicos del fenómeno. Algunos de estos forzamientos presentan un mayor grado de certeza que otros. Una línea vertical sin una barra rectangular denota un forzamiento para el que no se puede dar una mejor estimación debido al gran número de incertidumbres. Tal como se ha indicado, el nivel general de nuestros conocimientos científicos sobre cada uno de los forzamientos varía considerablemente. Algunos de los agentes de forzamiento radiativo (el CO2, por ejemplo) se encuentran muy mezclados por todo el planeta, desestabilizando el equilibrio mundial del calor. Otros (por ejemplo, los aerosoles) representan perturbaciones que son más poderosas en una regiones que en otras, ya que están distribuidas de forma irregular. Los forzamientos radiativos continúan siendo una herramienta muy útil para estimar, en primer lugar, los impactos relativos del clima, como la respuesta de la temperatura media relativa en la superficie de la Tierra debida a perturbaciones inducidas radiativamente, pero estas estimaciones de forzamientos medios relativos no son necesariamente indicadores de los aspectos detallados de posibles respuestas climáticas (por ejemplo, los cambios climáticos regionales).

 

Figura 2-3: La temperatura de la superficie terrestre se ha incrementado en unos 0,6ºC por encima del récord de mediciones directas de la temperatura (1860-2000, panel superior), aumento sin precedentes, al menos a juzgar por los datos de temperaturas obtenidos por representación en el Hemisferio Norte durante el último milenio (panel inferior). En el panel superior se muestra la temperatura media de la superficie de la Tierra para cada año (las barras rojas, y las gamas de mucha probabilidad se muestran como líneas muy finas en negro) y aproximadamente decenio por decenio (en líneas rojas continuas). Los análisis tienen en cuenta las deficiencias en los datos, errores instrumentales aleatorios e incertidumbres, incertidumbres en correcciones por márgenes de error en los datos sobre la temperatura de la superficie de los océanos, y también en los ajustes para el desarrollo urbano. El panel inferior combina los datos por representación (la línea azul muestra datos año por año, las gamas de mucha probabilidad, con una banda gris, y la media para cada 50 años, con una línea violeta) y las medidas directas de temperaturas (línea roja) para el Hemisferio Norte. Los datos por representación consisten en anillos de árboles, corales, placas grandes de hielo y registros históricos que han sido calibrados con los datos obtenidos con termómetros. No se cuenta con datos suficientes para evaluar dichos cambios en el Hemisferio Sur.

 

2.6 Un número cada vez mayor de observaciones ofrecen una visión cada vez más completa del calentamiento de la Tierra y de otros cambios en el sistema climático (véase el Cuadro 2-1).

2.7 La temperatura media mundial de la superficie de la Tierra ha aumentado desde el decenio de 1860 a 2000, el período de registro instrumental. Durante el siglo XX este aumento fue de 0,6°C con una gama muy probable (véase el Recuadro 2-1) de confianza de 0,4-0,8°C (véase la Figura 2-3). Es muy probable que el decenio de 1990 fuera el período más cálido, y el 1998 el año más caluroso desde que tenemos registros instrumentales. Si ampliamos los registros instrumentales con datos de representación del Hemisferio Norte, vemos que en los últimos 1.000 años, el aumento de temperatura durante el siglo XX puede haber sido el mayor registrado en cualquier siglo, y el decenio de 1990, el más caluroso de todos (véase la Figura 2-3). No se dispone de datos suficientes sobre el Hemisferio Sur antes de 1860m que permitan comparar el calentamiento reciente con los cambios registrados durante los últimos 1.000 años. Desde 1950, el aumento de la temperatura en la superficie del mar es cerca de la mitad del aumento de la temperatura media del aire en la superficie terrestre. Durante este período la temperatura media diaria mínima nocturna sobre la tierra ha aumentado a un promedio de 0,2°C por decenio, cerca del doble del nivel de aumento correspondiente en la temperatura máxima diurna del aire. Estos cambios climáticos han prolongado la estación sin heladas en muchas regiones de latitudes medias y altas.

2.8 En los 8 km inferiores de la atmósfera, la temperatura mundial aumentó desde el decenio de 1950 a 2000 cerca de un 0,1°C por decenio, cifra similar a la de la superficie terrestre. Para el período 1979-2000, las mediciones obtenidas vía satélites y globos meteorológicos han mostrado un calentamiento casi idéntico sobre América del Norte (un 0,3ºC por decenio) y Europa (0,4ºC por decenio) tanto en la superficie terrestre como en la atmósfera inferior, pero las diferencias fueron más evidentes en algunas zonas terrestres, particularmente en regiones tropicales (0,10±0,10°C por decenio para la superficie, frente a 0,06±0,16°C por decenio para la atmósfera inferior). Las temperaturas de la superficie y de la atmósfera inferior están influenciadas diferentemente por factores como el agotamiento del ozono estratosférico, los aerosoles atmosféricos y los fenómenos asociados con El Niño. Además, las técnicas de muestreo espacial pueden también explicar algunas de las diferencias en las tendencias, pero estas diferencias no se han aclarado totalmente.

2.9 Existen pruebas nuevas y más convincentes de que en su mayor parte el calentamiento observado durante los últimos 50 años se puede atribuir a actividades humanas.

2.10 Es muy probable que el calentamiento observado a lo largo del siglo XX no sea todo de origen natural. Es poco probable que el aumento en las temperaturas en la superficie en los últimos 100 años haya sido causado únicamente por la variabilidad interna. Las reconstrucciones de datos climáticos durante los últimos 1.000 años también indican que el calentamiento observado durante el siglo XX era inusual y probablemente respondía sólo al forzamiento natural: en otras palabras, que las erupciones volcánicas y la variación de la irradiación solar no explican el calentamiento registrado en la segunda mitad del siglo XX (véase la Figura 2-4a), pero pueden haber contribuido al calentamiento observado durante la primera mitad.

2.11 En vista de las nuevas pruebas, y teniendo en cuenta las incertidumbres subsistentes, es probable que en su mayor parte el calentamiento observado durante los últimos 50 años se haya debido al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero. Estudios de detección y atribución han determinado sistemáticamente pruebas de señales antropogénicas (entre ellas el forzamiento producido por los gases de efecto invernadero y los aerosoles que emiten sulfatos) en los registros climáticos de los últimos 35 a 50 años, pese a las incertidumbres sobre el forzamiento antropogénico producido por aerosoles de sulfato y por otros factores naturales, como los volcanes y la irradiación solar. El forzamiento debido a los sulfatos y a fenómenos naturales son negativos en este período y no pueden explicar el calentamiento (véase la Figura 2- 4a); mientras que la mayoría de estos estudios concluyen que, durante los últimos 50 años, las estimaciones de la tasa y magnitud del calentamiento debido únicamente a los gases de efecto invernadero son comparables o mayores que el calentamiento terrestre observado, (Figura 2-4b). La mejor correlación entre las simulaciones y las observaciones durante los últimos 140 años se encuentra cuando se combinan todos los factores naturales y antropogénicos (véase la Figura 2-4c). Este resultado no excluye la posibilidad de que otros factores contribuyan a dicho forzamiento, y en estos estudios de detección y atribución no se han incluido estos estudios de detección y atribución algunos factores antropogénicos conocidos (tales como el carbono orgánico, el carbono negro (hollín), los aerosoles de biomasa, y algunos cambios en los usos de la tierra). Las estimaciones de la magnitud y distribución geográfica de este forzamiento antropogénico adicional varían considerablemente.

 

Figura 2-4: La simulación de la variación de temperaturas (ºC) y la comparación de los resultados con los cambios registrados nos permiten comprender mejor las causas que producen los principales cambios. Se puede utilizar una simulación climática para simular los cambios de temperatura debidos a factores naturales y antropogénicos. Las simulaciones representadas por la banda en a) se basaron únicamente en forzamientos naturales: variaciones solares y actividad volcánica. Las que se muestran en la banda b) se basaron en forzamientos antropogénicos: gases de efecto invernadero y una estimación de aerosoles de sulfato. Y la simulación en la banda c) se basó en forzamientos naturales y antropogénicos. Podemos ver en b) que la incorporación de forzamientos antropogénicos proporciona una explicación para una gran parte de los cambios de temperatura observados durante el siglo pasado, pero la mejor coincidencia con las observaciones se obtiene en c), cuando se incluyen tanto los forzamientos naturales como los antropogénicos. Estos resultados muestran que los forzamientos incluidos son suficientes para explicar los cambios observados, pero no excluyen la posibilidad de que otros forzamientos hayan podido contribuir de alguna manera. Otras simulaciones con forzamientos antropogénicos producen resultados similares a los de b).

 

2.12 Los cambios en el nivel del mar, la cubierta de nieves, la extensión de la capas de hielo y la precipitación corresponden al calentamiento del clima cerca de la superficie terrestre (véase el Cuadro 2-1). Algunos de los cambios observados son de alcance regional, y otros pueden ser fruto de variaciones climáticas internas, forzamientos naturales, o actividades humanas regionales, y no pueden atribuirse únicamente a la influencia humana global.

2.13 Es muy probable que el calentamiento del siglo XX haya contribuido de manera importante a la elevación observada del nivel medio de los mares y al aumento del calor almacenado en los océanos. El calentamiento impulsa la elevación del nivel del mar, a través de la expansión térmica de los océanos y la fusión generalizada de los hielos terrestres. Sobre la base de los registros de mareógrafos, después de realizar las correcciones por los movimientos de tierra, durante el siglo XX la elevación anual media fue de entre 1 y 2 mm. Los muy pocos registros desde largo tiempo muestran que fue menor durante el siglo XIX (véase la Figura 2-5). Con los límites de las incertidumbres actuales, las observaciones y las simulaciones coinciden en la falta de una aceleración significativa en la elevación del nivel del mar durante el siglo XX. El ritmo de la elevación del nivel del observado mar durante el siglo XX coincide con el de las simulaciones. El calor almacenado en los océanos ha aumentado desde finales del decenio de 1950, fecha desde la que se dispone de las observaciones fidedignas de las temperaturas de la subsuperficie oceánica.

2.14 La cubierta de la extensión de la capa de nieve y hielos han disminuido. Es muy probable que la cubierta de nieve haya disminuido en un 10 por ciento en el Hemisferio Norte desde finales del decenio de 1960 (debido sobre todo a los cambios primaverales en América y Eurasia) y que la duración anual de las capas de hielo en ríos y lagos en latitudes medias y altas del Hemisferio Norte se haya reducido en unas dos semanas a lo largo el siglo XX. También ha habido durante ese siglo una retirada generalizada de los glaciares montañosos en regiones no polares. Es probable que la extensión de la placa de hielo marino durante primavera y verano en el Hemisferio Norte haya disminuido de un 10 a un 15 por ciento entre el decenio de 1950 y 2000, y que el espesor del hielo marino en el Ártico se haya reducido a un 40 por ciento a finales del verano y a principios del otoño, a lo largo de los tres últimos decenios del siglo XX. Aunque entre 1978 y 2000 no se ha registrado ningún cambio en la extensión general de los hielos marinos en la región antártica paralelamente al aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra, el calentamiento regional en la Península Antártica coincidió con el derrumbe de la placa de hielo Prince Gustav y partes de la placa de hielo Larsen durante el decenio de 1990, pero la pérdida de estas placas de hielo han tenido pocos efectos directos.

2.15 Es muy probable que las precipitaciones hayan aumentado durante el siglo XX en un 5-10 por ciento en la mayor parte de las latitudes medias y altas de los continentes del Hemisferio Norte, pero, en cambio, que hayan descendido en un 3 por ciento en gran parte de las zonas terrestres subtropicales (véase la Figura 2-6a). Es también muy probable que el aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra produzca cambios en la precipitación y la humedad atmosférica como consecuencia de los cambios en la circulación atmosférica, un ciclo hidrológico más activo, y aumentos en la capacidad de la atmósfera para retener agua. Durante la segunda mitad del siglo XX probablemente se ha registrado un aumento de unos 2-4 por ciento en la frecuencia de las precipitaciones intensas en latitudes medias y altas del Hemisferio Norte. Asimismo hubo aumentos a corto plazo relativamente pequeños a lo largo del siglo XX en las regiones terrestres azotados por graves sequías o inundaciones, pero en muchas regiones en cambios se debieron a una variabilidad climática dentro de un decenio determinado o entre un decenio y otro, sin que se haya registrado ninguna tendencia significativa a lo largo del siglo.

2.16 También han ocurrido cambios en otros aspectos importantes del clima (véase el Cuadro 2-1).

2.17 A lo largo del siglo XX se ha observado un calentamiento constante y de gran escala en la superficie terrestre y de los océanos, y los mayores aumentos de temperatura se registraron en latitudes medias y altas de los continentes septentrionales. El calentamiento de la superficie terrestre fue más rápido que el de la superficie de los océanos en el período 1976-2000 (véase la Figura 2-6b), y esto coincide con los cambios observados en las variaciones climáticas naturales, tales como las Oscilaciones del Atlántico Norte y del Ártico, y con las pautas simuladas de calentamiento debido a gases de efecto invernadero. Tal y como se describe a continuación, se han comprobado asociaciones importantes desde el punto de vista estadístico entre el calentamiento regional y los cambios observados en los sistemas biológicos, en los entornos de aguas dulces, y terrestres y marinos en todos los continentes.

 

 

Figura 2-5: Un número limitado de sitios en Europa tiene registros casi constantes del nivel del mar que abarcan 300 años e indican que la mayor elevación del nivel del mar ocurrió en el siglo XX. Los registros mostrados provienen de Ámsterdam (Países Bajos), Brest (Francia), y Swinoujscie (Polonia), entre otros lugares, y confirman la elevación acelerada del nivel del mar en el siglo XX, en comparación con los niveles del siglo XIX.

 

Figura 2-6a: Durante el siglo XIX la precipitación media ha aumentado en los continentes fuera de los trópicos, pero ha descendido en las regiones desérticas de África y de América del Sur. Mientras que los registros muestran un aumento general que coincide con unas temperaturas más cálidas y una mayor humedad atmosférica, las tendencias de la precipitación varían enormemente entre las diferentes regiones, y en algunas regiones continentales sólo se encuentran disponibles registros para el siglo XX. A lo largo de este período, se registraron solamente unas pequeñas tendencias a largo plazo en zonas terrestres que sufrían graves sequías o inundaciones, pero en muchas regiones esos cambios se han debido a variabilidades climáticas dentro de un decenio o entre varios decenios, que no muestran ninguna tendencia significativa a lo largo del siglo.

 

2.18 Los episodios de calentamiento del fenómeno El Niño Oscilación Meridional (ENOM) han sido más frecuentes, persistentes e intensos desde mediados del decenio de 1970, si los comparamos con los 100 años anteriores. El ENOM afecta de manera sistemática a las variaciones regionales de temperatura y precipitación en la mayoría de las zonas tropicales y subtropicales y algunas zonas de latitudes medias. Sin embargo, a partir de las simulaciones no se desprende claramente que el calentamiento del planeta diera como resultado una mayor frecuencia de fenómenos relacionados con El Niño.

2.19 Algunos aspectos importantes del clima parecen no haber cambiado. Algunas zonas del planeta no se han calentado en los decenios recientes, sobre todo algunas partes de los océanos del Hemisferio Sur y algunas áreas del Antártico (véase la Figura 2-6b). La placa de hielo marino en el Antártico ha permanecido casi estable o incluso ha crecido desde el 1978, año en que comenzamos a contar con mediciones fiables tomadas por satélites. Los análisis actuales no permiten extraer conclusiones sobre la probabilidad de cambios en la frecuencia de los tornados, días de tormentas o granizadas en las pocas regiones específicas que han sido estudiadas. Además de esto, la insuficiencia de datos y los análisis divergentes siguen impidiendo una evaluación de los cambios en la intensidad de los ciclones tropicales y extratropicales y en las tormentas locales severas en latitudes medias.

 

Figura 2-6b: Durante los últimos 25 años del siglo XX ha tenido lugar un calentamiento constante y a gran escala de las superficies terrestres y oceánicas, y los mayores aumentos de temperatura se registraron en las latitudes medias y altas de América del Norte, Europa, y Asia. Sólo en partes de los Océanos Pacífico y del Sur y en el Antártico vemos grandes zonas de enfriamiento. La mayor rapidez del calentamiento de la superficie terrestre que en la superficie de los océanos se ajusta a los cambios observados en las variaciones climáticas naturales-como las Oscilaciones del Atlántico Norte y del Ártico-y con las pautas simuladas del calentamiento por gases de efecto invernadero. Tal como se describe en el texto, el calentamiento en algunas regiones se encuentra vinculado a cambios observados en los sistemas biológicos en todos los continentes.

 

2.20 Los cambios observados en los climas regionales en los últimos 50 años han afectado a los sistemas biológicos e hidrológicos en muchas partes del mundo (véase el Cuadro 2-1). 

2.21 Durante el siglo XX los sistemas biológicos se han visto afectados de forma apreciable por el cambio climático regional, sobre todo por aumentos de temperatura. En muchas partes del mundo, los cambios observados en estos sistemas,3 ya sean antropogénicos o naturales, son coherentes en las diferentes zonas y coinciden con los efectos proyectados de los cambios de temperatura regionales. La probabilidad de que los cambios observados en la dirección proyectada (sin referencia a su magnitud) se deban a pura casualidad es ínfima. Dichos sistemas incluyen, por ejemplo, la distribución de especies, el tamaño de las poblaciones, y la estación de la reproducción o las migraciones. Estas observaciones indican que los cambios climáticos regionales han sido una causa importante de estos fenómenos. Se han observado cambios en los tipos (por ejemplo, fuegos, sequías y derribos por vientos), la intensidad y la frecuencia de las alteraciones provocadas por los cambios climáticos regionales, ya sean naturales o antropogénicos, y por cambios en el uso de las tierras. Dichos cambios, a su vez, han afectado la productividad y la composición de especies en un ecosistema, particularmente en latitudes y altitudes altas. También ha cambiado la frecuencia de las plagas y los brotes de enfermedades, especialmente en sistemas arbolados, y este fenómeno se puede igualmente vincular a cambios climáticos. En algunas regiones de África, la combinación de cambios climáticos regionales (sequía saheliana) y los problemas antropogénicos han producido una disminución de la producción de cereales desde el año 1970. Hay algunos aspectos positivos del calentamiento: por ejemplo, la estación de cultivo en Europa se ha prolongado de unos 11 días desde 1959 a 1993, y ha disminuido el consumo de energía para calefacción en invierno.

3Existen 44 estudios regionales sobre más de 400 plantas y animales, sobre todo en América del Norte, Europa y en la región polar Sur. El período de alcance de dichos estudios varía de 20 a 50 años. También hay 16 estudios regionales que se ocupan de cerca de 100 procesos físicos en la mayor parte de las regiones del mundo. Éstos cubren períodos de 20 a 150 años. 

2.22  Los arrecifes coralinos se ven afectados adversamente por la subida de temperaturas en la superficie del mar. Desde hace algunos decenios se viene registrando en la mayoría de los océanos tropicales un aumento de las temperaturas en la superficie marina. Muchos corales sufren episodios de decoloración importantes, aunque a menudo parcialmente reversibles, cuando la temperatura de la superficie marina aumenta de 1°C en un año determinado, mientras que si el aumento es de 3°C, se puede producir la muerte generalizada de muchos corales. Esto ocurre frecuentemente durante los fenómenos asociados con El Niño y los efectos se agravan con la subida de las temperaturas en la superficie del mar. Esos casos de decoloración están a menudo asociados con otros problemas, por ejemplo, contaminación.

2.23 Los cambios en los sistemas marinos, particularmente las poblaciones de peces, han estado relacionados con oscilaciones climáticas a gran escala. El fenómeno ENOM afecta a las pesquerías de las costas de América del Sur y de África, y las oscilaciones que se producen cada decenio en el Pacífico están relacionadas con la disminución de la pesca en la costa oeste de América del Norte.

2.24 Se han observado cambios en los flujos de corrientes, las inundaciones y las sequías. Las pruebas de los impactos del cambio climático regional sobre los elementos del ciclo hidrológico indican que las temperaturas más cálidas producen una intensificación de dicho ciclo. Los flujos de corrientes máximos se han desplazado de la primavera al final del invierno en una gran parte de Europa oriental, la parte europea de Rusia, y en América del Norte durante los últimos decenios. La creciente frecuencia de las sequías e inundaciones en algunas zonas está relacionada con las variaciones climáticas-por ejemplo, las sequías en el Sahel y en la regiones nordeste y meridional de Brasil, y las inundaciones en California y en el Noroeste del Perú.

2.25 Existen indicios preliminares de que algunos sistemas humanos se han visto afectados por los aumentos recientes en inundaciones y sequías. El incremento de los costos socioeconómicos relacionados con los daños ocasionados por fenómenos meteorológicos y las variaciones climáticas regionales sugieren que somos cada vez más vulnerables frente a los cambios climáticos (véase el Cuadro 2-1).

2.26 Los fenómenos meteorológicos o climáticos extremos provocan daños importantes y cada vez mayores. Los fenómenos extremos son en estos momentos la causa principal de los impactos relacionados con el clima. Por ejemplo, los fenómenos relacionados con El Niño durante 1997-1998 cobraron muchas víctimas humanas, dañaron bienes y tuvieron muchas otras consecuencias ambientales. Los impactos de los fenómenos extremos y la variabilidad del clima son motivo de gran preocupación. Algunos indicios preliminares sugieren que algunos sistemas sociales y económicos se han visto afectados por el reciente aumento de las inundaciones y sequías, y que las pérdidas económicas debidas a fenómenos meteorológicos catastróficos fueron cada vez mayores. Como estos sistemas también se ven afectados por cambios en factores socioeconómicos, tales como los desplazamientos demográficos y los cambios en el uso de las tierras, resulta difícil cuantificar los efectos relacionados con el cambio climático (ya sea antropogénico o natural) y con factores socioeconómicos. Por ejemplo, los costos directos de las pérdidas mundiales producidas por catástrofes meteorológicas, con ajustes para la inflación, han aumentado considerablemente entre los decenios de 1950 y 1990 (véase la Figura 2-7), y los costos de los fenómenos meteorológicos no catastróficos (no incluidos) son parecidas. En parte, esta tendencia ascendente de las pérdidas por fenómenos relacionados con el clima durante los últimos 50 años se vincula con factores socioeconómicos (tales como el crecimiento demográfico, la creciente prosperidad económica, y la urbanización en zonas vulnerables), y en parte se asocia a factores climáticos (por ejemplo, cambios en la precipitación e inundaciones).

2.27 La proporción de las pérdidas relacionadas con fenómenos meteorológicos cubiertas por los seguros varía considerablemente según las regiones, y la diferencia del impacto de los episodios climáticos plantea cuestiones de desarrollo y equidad. Hoy en día, las compañías de seguros sólo pagan un 5 por ciento de las pérdidas económicas totales en Asia y América del Sur, el 10 por ciento en África, y cerca del 30 por ciento en Australia, Europa, América del Norte y América Central. La proporción cubierta por el seguro es normalmente mucho mayor si sólo se tienen en cuenta las pérdidas originadas por tormentas, pero en cambio las relacionadas con inundaciones y daños a cosechas gozan de muy poca cobertura. El balance de las pérdidas es absorbido por los gobiernos y por los particulares y organizaciones afectados.

 

ARTICULO PERTENECIENTE A LA SECCION SITUACION AMBIENTAL INTERNACIONAL DE www.dsostenble.com.ar ELABORADO POR LOS ESPECIALISTAS DEL IPCC

 

 

 

Figura 2-7: Las pérdidas económicas ocasionadas por fenómenos meteorológicos catastróficos se han multiplicado mundialmente por diez (con ajustes para la inflación) entre los decenios de 1950 y de 1990, mucho más rápidamente de lo que se pudiera explicar con la simple inflación. La proporción de estas pérdidas cubiertas por seguros aumentó desde un nivel insignificante hasta cerca del 23 por ciento durante el decenio de 1990. Las pérdidas totales producidas por pequeños fenómenos meteorológicos no catastróficos se han incrementado de forma parecida. El número de fenómenos catastróficos asociados con eventos meteorológicos se ha multiplicado a un ritmo tres veces superior a las demás, a pesar de una mejor preparación general para hacer frente a desastres de este tipo. Esta tendencia al alza en las pérdidas relacionadas con el clima durante los últimos 50 años se vinculan en parte a factores socioeconómicos (tales como el crecimiento demográfico, la mayor prosperidad y la urbanización en zonas vulnerables), y en parte a factores climáticos regionales (por ejemplo, los cambios en la precipitación y las inundaciones).

 

2.27  Se observan impactos de los fenómenos climáticos sobre la salud. Se sabe que muchas enfermedades infecciosas transmitidas por el agua, los alimentos o vectores son sensibles a cambios en las condiciones climáticas. La gran experiencia con la que contamos muestra claramente que cualquier aumento en las inundaciones agrava el riesgo de personas ahogadas y de enfermedades respiratorias y diarreicas, así como las afecciones producidas por la contaminación de las aguas y-en países en desarrollo-por el hambre y la malnutrición (confianza alta). Las olas de calor en Europa y América del Norte se encuentran asociadas con un aumento significativo de la mortalidad urbana, pero las temperaturas invernales más cálidas también tienen como resultado una reducción de la mortalidad durante esa época del año. En algunos casos los efectos para la salud están claramente relacionados con cambios climáticos recientes, como ocurrió en Suecia, en donde la incidencia de encefalitis transmitida por garrapatas aumentó tras unos inviernos más cálidos, y se desplazó hacia el Norte después de un incremento de la frecuencia de inviernos más cálidos en el período 1980-1994.

2.28 El reconocimiento y la previsión de los efectos adversos del cambio climático ha favorecido respuestas del público y los gobiernos.

2.29 Como consecuencia de los cambios climáticos observados y previstos, se han producido en los últimos diez años respuestas socioeconómicas y de política. Entre éstas se incluye la estimulación del mercado de fuentes de energía renovables, el desarrollo de programas de mejora de la eficiencia energética, impulsados por las preocupaciones en torno al cambio climático, la integración de políticas climáticas en las políticas nacionales más generales, la aplicación de impuestos sobre el carbono en algunos países, regímenes de comercio de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero en algunos países, acuerdos voluntarios nacionales e internacionales con el sector industrial para aumentar la eficiencia energética o, por otro lado, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, la creación de mercados de intercambio del carbono, presiones públicas y políticas para que los servicios públicos reduzcan o compensen las emisiones de carbono producidos por nuevos proyectos energéticos, la investigación, por parte de la industria, de enfoques para contrarrestar las emisiones de carbono, y la creación de programas para ayudar a los países en desarrollo y los menos desarrollados a reducir la vulnerabilidad, adaptarse al cambio climático, y poner en práctica medidas de mitigación.

 

(*) Realizado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), aprobado de forma detallada en la XVIIIª Reunión Plenaria del IPCC (Wembley, Reino Unido, 24-25 de septiembre del año 2001

Equipo de autores principales

Robert T. Watson, Daniel L. Albritton, Terry Barker, Igor A. Bashmakov, Osvaldo Canziani, Renate Christ, Ulrich Cubasch, Ogunlade Davidson, Habiba Gitay, David Griggs, Kirsten Halsnaes, John Houghton, Joanna House, Zbigniew Kundzewicz, Murari Lal, Neil Leary, Christopher Magadza, James J. McCarthy, John F.B. Mitchell, Jose Roberto Moreira, Mohan Munasinghe, Ian Noble, Rajendra Pachauri, Barrie Pittock, Michael Prather, Richard G. Richels, John B. Robinson, Jayant Sathaye, Stephen Schneider, Robert Scholes, Thomas Stocker, Narasimhan Sundararaman, Rob Swart, Tomihiro Taniguchi, y D. Zhou

Otros autores

Q.K. Ahmad, Oleg Anisimov, Nigel Arnell, Fons Baede, Tariq Banuri, Leonard Bernstein, Daniel H. Bouille, Timothy Carter, Catrinus J. Jepma, Liu Chunzhen, John Church, Stewart Cohen, Paul Desanker, William Easterling, Chris Folland, Filippo Giorgi, Jonathan Gregory, Joanna Haigh, Hideo Harasawa, Bruce Hewitson, Jean-Charles Hourcade, Mike Hulme, Tom Karl, Pekka E. Kauppi, Rik Leemans, Anil Markandya, Luis Jose Mata, Bryant McAvaney, Anthony McMichael, Linda Mearns, Jerry Meehl, Gylvan Meira-Filho, Evan Mills, William R. Moomaw, Berrien Moore, Tsuneyuki Morita, M.J. Mwandosya, Leonard Nurse, Martin Parry, Joyce Penner, Colin Prentice, Venkatachalam Ramaswamy, Sarah Raper, Jim Salinger, Michael Scott, Roger A. Sedjo, Priyaradshi R. Shukla, Barry Smit, Joel Smith, Leena Srivastava, Ron Stouffer, Kanako Tanaka, Ferenc L. Toth, Kevin Trenberth, Alla Tsyban, John P. Weyant, Tom Wilbanks, Francis Zwiers y muchos autores del IPCC

Revisores

Susan Barrell, Rick Bradley, Eduardo Calvo, Ian Carruthers, Oyvind Christophersen, Yuri Izrael, Eberhard Jochem, Fortunat Joos, Martin Manning, Bert Metz, Alionne Ndiaye, Buruhani Nyenzi, Ramon Pichs-Madruga, Richard Odingo, Michel Petit, Jan Pretel, Armando Ramirez, Jose Romero, John Stone, R.T.M. Sutamihardja, David Warrilow, Ding Yihui, y John Zillman

 

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