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TECNOLOGIAS ESTUDIOS DE IMPACTO AMBIENTAL |
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ARQUEOLOGIA Y SITUACIONES DE IMPACTO:
REFLEXIONES SOBRE EL CASO TAFI |
| Articulo de Dr Carlos A. Aschero, director del Instituto de Arqueología y Museo de UNT e Investigador principal del CONICET en revista MUNDO DE ANTES N° 1 , 1998 | |
| Recientes
situaciones creadas por la implantación de torres de alta tensión
sobre sitios arqueológicos en Tafí del Valle, llevan a una
reflexión sobre acciones urgentes que eviten hechos como estos y
nos sirvan para avanzar en la protección efectiva del patrimonio
arqueológico.
Un yacimiento o sitio arqueológico como los que son visibles en Tafí del Valle, implica un área de estudio potencial que va más allá de las acumulaciones de piedras que delimitan lo que ha quedado de las antiguas paredes. Fuera de los muros, del espacio de cada recinto, las actividades de la gente continuaban: espacios abiertos próximos que concentraban otros tipos de actividades, hornos excavados donde se cocían las piezas de alfarería, sectores próximos destinados al cultivo... Esta área de afectación del entorno del sitio arqueológico debe ser contemplada y delimitada en cada estudio de impacto en cuanto significa un plus de información potencial, necesaria para que el arqueólogo interprete la articulación de ese sitio con su entorno. Esto viene al caso para las torres instaladas en el faldeo E-NE del valle, desde El Infiernillo a más allá de Los Cuartos, pasando sobre la misma Reserva Arqueológica de La Bolsa. La pregunta es simple: ... ¿Es que no se pudieron evitar esos emplazamientos?. Una breve reseña de los hechos se impone para entender algunos puntos de esta reflexión. 1.- Antes de comenzar
las obras se contrataron arqueólogas para estudios preliminares
de impacto, en los que se coincide en marcar el Valle de Tafí como
área de alto riesgo (septiembre 1994). ¿Cuál es la moraleja de todo esto? …Que el tiempo de los hechos consumados superó con creces al de los hechos administrativos y ganó la partida. Hubo trabajo arqueológico inicialmente mal planteado y finalmente bien planteado… pero tarde; diversos informes fueron elevados; la comisión de la UNESCO llegó para ver lo consumado, opinó y se fue… y muchas torres allí están, donde nunca debieron haber estado. El patrimonio arqueológico - léase: una buena y extensa parte del patrimonio cultural de los argentinos - es el gran perdedor en esta partida. Pero no es una cuestión de culpas sobre lo que vale la pena reflexionar (el autor no es abogado ni podría imaginarse cómo aplicar a estos casos el magro marco legal aquí existente, …y en el ámbito nacional ni qué hablar). Ciertamente hay un problema crucial en el nivel de racionalidad y juicios de valor con que profesionales (no arqueólogos) de nuestros medios universitarios operan, eligen gente para operar, opinan o deciden acciones que afectan irremediablemente al patrimonio arqueológico. Otro problema es el grado de responsabilidad que otros profesionales (arqueólogos) ponen en lo que hacen y en los efectos potenciales de lo que hacen. Un profesional no-arqueólogo de la UNT propuso y/o eligió (y no al azar, si la traza estaba ya decidida en septiembre del ‘95) a una arqueóloga con escasa experiencia para un trabajo de tal envergadura, sin interesarle demasiado los efectos que ello pudiera tener sobre el patrimonio arqueológico de su Provincia. Esa arqueóloga pudo haber consultado, haberse asesorado con otros colegas (…. O con su propio equipo), pero no fue así. Pedir “experiencia” en esos casos no significa buscar edad en años, sino el toque de una reflexión responsable sobre los kilómetros recorridos y los otros por recorrer; no quiere decir “los jóvenes no pueden hacerlo”. De lo que hablamos es del derecho de todos a que los testimonios de las pasadas acciones humanas sean preservados para su interpretación actual o futura; es un concepto de bien público afectable que no parece tener ningún peso en las decisiones tomadas. Esto es, nuestro juicio, la cruz del problema. Pero…¿cómo evitar que estas situaciones sigan produciéndose? Una primera respuesta
es: teniendo legislaciones provinciales y una nacional que cubran el tratamiento
de estas situaciones, es decir: El carácter provincial de las leyes de protección -que en la mayoría de los casos ya existen y sólo habría que mejorar en sus mecanismos de aplicación e incorporando algunos de estos aspectos- tiene varias ventajas a saber: rapidez de ejecución a través de un organismo de aplicación que tengarápido acceso y conocimiento directo de las autoridades comunales con jurisdicción sobre los sitios arqueológicos en cuestión; derechos adquiridos sobre la tenencia, exhibición y usufructo responsable del patrimonio arqueológico existente en los territorios provinciales; suficiente conocimiento de las situaciones locales (comunales) para emprender planes educativos de protección de ese patrimonio y/o para el apoyo de emprendimientos de exhibición, creación de centros de interpretación o museos de sitio con fines educacionales o turísticos. La expectativa de
una Ley Nacional no es el que se superponga a las leyes provinciales sino
que las respalde y que supervise su adecuado cumplimiento. Algunos puntos
urgentes de competencia nacional podrían ser: Una segunda respuesta hace a la tarea que nos cabe para formar una conciencia pública sobre ese para qué y el cómo de la protección de patrimonio arqueológico. No debería importarnos de quién han de ser los réditos políticos de una posible ley sino en consensuar lo que debemos hacer YA para mejorar la situación en un futuro inmediato. El caso citado y el del hotel construido sobre los sectores no excavados de las ruinas de Quilmes en Tucumán están bien cerca para mostrarnos que las leyes también pueden ser obviadas por los propios organismos oficiales. El patrimonio arqueológico va a ser ese bien patrimonial -ese bien de la comunidad- en tanto y en cuanto tengamos además del instrumento legal, una consciencia pública que busque y se valga de ese instrumento para defenderlo. Tafí del Valle como Quilmes son serios casos tucumanos que deberían necesariamente enseñarnos que el futuro de ese patrimonio arqueológico no pasa por un “todo vale”. Cualquier argentino tiene derecho a exigir que los testimonios arqueológicos de su región y su país no sean usados y/o comercializados en beneficio de unos pocos. Generar estos hechos puede llevar aún más tiempo, pero debemos acelerarlo para que en algún momento podamos interponerlos definitivamente al de los hechos consumados. El consenso existente y las acciones emprendidas en torno a la creación de una Asociación Profesional de Arqueólogos es un importante paso hacia adelante para que las responsabilidades en juego existan, se delimiten y puedan apelarse. Sin embargo, por ahora y ante tantos de estos hechos consumados, nuestra responsabilidad y nuestros tiempos aparecen como inmovilizados para hacer frente a la rapidez con que los emprendimientos mineros, viales o turísticos se suceden. Propongo pensar en serio que la carrera de los tiempos ya se largó, que es el momento de sacudir todos los estamentos políticos e institucionales posibles para generar una consciencia actuante que tome en cuenta la urgente necesidad de contar con instrumentos legales y que esté convencida de que sin la ayuda de TODOS el futuro del Pasado está en serio riesgo. AGRADECIMIENTOS:
Reflexiones de Héctor Arana, UNESCO, Buenos Aires Presentar un ejemplo, como hace el Lic. Aschero, para extraer a partir del mismo consideraciones y propuestas generales es un método apropiado. Las peripecias concretas atraen la atención del lector y los resultados -buenos o malos- del caso concreto sirven como base para enunciados teóricos o sugerencias genéricas con vistas al futuro. La reseña del proceso que llevó al emplazamiento a través del valle de Tafí del electroducto que alimentaría al emprendimiento minero de Bajo La Alumbrera, ubicado en la provincia de Catamarca, está planteado con breve claridad en lo que toca a lo arqueológico. Todos los otros aspectos del complejo asunto -sociales, ecológicos, estéticos, turísticos, económicos, etc.- no se tratan ex profeso para no complicar el enfoque del trabajo, limitado a lo arqueológico. Claro está que tal autolimitación, aquí justificada, no debe hacernos perder de vista que el aspecto arqueológico es un elemento dentro de un complejo más vasto. Esta afirmación de la multiplicidad de factores, que junto con lo estrictamente arqueológico forma la realidad que vive una comunidad, nos lleva a sostener que la tarea de preparación de instrumentos legislativos sobre el patrimonio requiere un enfoque multidisciplinario. La secuencia de estudios, reuniones, negociaciones, discusiones, marchas y contramarchas, malentendidos y titubeos que procedió a la instalación del electroducto en el valle de Tafí es seguida paso a paso por Aschero. Al final del proceso “muchas torres allí están, donde nunca debieron haber estado”... “cómo evitar que estas situaciones sigan produciéndose?”. Dejando el caso concreto el autor pasa al tema y a las propuestas de orden general. La primera propuesta es la promulgación de leyes nacionales y provinciales relativas al patrimonio arqueológico. El autor presenta sugerencias y hace comentarios sobre algunas características que deberían tener dichas leyes y sobre el detalle de su aplicación. En todo esto se evidencia la experiencia de Aschero en la materia y se nota el resultado de reflexiones e intercambio de ideas con sus colegas. Quizá algunas formulaciones son poco claras o incompletas. Por ejemplo, en los puntos relativos a las competencias nacionales se dice que “se establezca la intervención de la policía federal -y de Interpol a través de ella- en casos de robos de piezas de colecciones arqueológicas obtenidas en excavaciones furtivas que salgan de las jurisdicciones provinciales...”. ¿Acaso no requeriría también la intervención de la policía federal y/o interpol el robo de piezas surgidas de excavaciones legales?. La segunda propuesta es la de seguir bregando en pro de la afirmación de una toma de conciencia por parte de la sociedad de la importancia del patrimonio arqueológico. No podemos más que apoyar esta afirmación, que quizá hubiese podido estar algo más explícitamente fundamentada. Por otra parte, siendo todo lo loable que se quiera, no creo que la creación de una Asociación Profesional de Arqueólogos pueda contribuir decisivamente en el proceso de maduración comunitaria a que aspira Aschero. Una reforzada acción educativa a través de los medios de comunicación de masas, de la escuela, de muestras y visitas guiadas, etc. sería, quizá más productiva. Se trataría, en suma, de un esfuerzo de los profesionales de “salir a la calle”, aunque sea en algún detrimento de sus estudios e investigaciones específicas. El debate que plantea Aschero es doble: por una parte se abre sobre el caso concreto del electroducto del Valle de Tafí y por otro sobre el campo mucho más amplio de la legislación sobre el patrimonio cultural. Los problemas que se plantean en este trabajo son importantes para el futuro del patrimonio arqueológico del país. Lamentablemente han sido tratados casi siempre en el ámbito de los profesionales pero no han llegado todavía a preocupar seriamente a la opinión pública. Lograr que la comunidad nacional tome conciencia de la importancia del patrimonio cultural es un objetivo mayor de todo aquel que de un modo u otro actúa sobre los bienes culturales muebles o inmuebles del país. Aschero así lo afirma cuando dice que existe la “tarea de formar una conciencia pública sobre el para qué y el cómo de la protección del patrimonio arqueológico”. Por esto no podemos más que felicitar al autor de este trabajo y augurar que el mismo suscite nuevos aportes y estimule la reflexión y el debate más allá del circulo de especialistas.
Reflexiones de Norma Ratto, Universidad Nacional de Catamarca Aschero
en su trabajo presenta dos frases resaltadas que considero son el
eje de toda posible reflexión para analizar el impacto arqueológico
negativo en el área de Tafí del Valle, debido a la
construcción de la Línea de Alta Tensión (El Bracho-La
Alumbrera) - en adelante L.A.T.: 1)¿Por
qué las torres están donde nunca debieron haber estado ? El
diseño para el relevamiento arqueológico debe contemplar: Obsérvese que hasta este momento toda la obra está a nivel de papel, no hay maquinarias en terreno. Por lo tanto, se comprenderá la importancia y relevancia de la evaluación de impacto arqueológico en la etapa proyecto, dado que la Empresa debería ejecutar las recomendaciones dadas por su profesional arqueólogo contratado. En este punto es donde se plantea la alternativa de qué hacer cuando el diseño de la traza proyectada atraviesa áreas de alta sensibilidad arqueológica, previamente documentadas:
En base de una buena documentación de la evidencia empírica superficial a nivel del sitio arqueológico y no de la estructura que será afectada, el arqueólogo está en condiciones de recomendar cambios de traza para determinados sectores de la obra diseñada. Personalmente,
considero que ésta es la mejor garantía que tiene el arqueólogo
tanto para La construcción de la L.A.T. (El Bracho-La Alumbrera) a lo largo de sus 220 km afectó un área que no se restringió únicamente a la fundación e instalación de 530 torres sino también al espacio terrestre que surge de proyectar el espacio aéreo ocupado por el cableado intertorres y la construcción de caminos para acceder al tendido eléctrico. Esta concepción integral de la L.A.T. abarca 7.700.000 m² únicamente considerando la franja de servidumbre minera 4, sin el área afectada por la construcción de accesos. De dicha superficie más de 1.050.000 m² corresponden al área de Tafí, definida por todos los profesionales intervinientes en las diferentes etapas del emprendimiento como de alto riesgo y/o de alta sensibilidad arqueológica. En el caso de Tafí nunca existió una recomendación referida a cambio de traza. Por el contrario la traza fue considerada como algo estático, invariable, incambiable. Ante el registro de evidencia arqueológica que sería afectada por la construcción, especialmente arquitectónica de grandes dimensiones, se recomendó la realización de trabajos de rescate en el lugar de fundación de las columnas -torres- de alta tensión. Así, el resultado fue que sectores del trazado de la L.A.T. atraviesen áreas arqueológicas, principalmente debido a que la unidad de trabajo fue la estructura y no el sitio arqueológico. Por lo tanto, el resultado fue la fundación e instalación de torres dentro de sitios arqueológicos. Visto el problema en retrospectiva, si se considera todo el dinero y tiempo invertidos por la Empresa sin obtener los réditos necesarios, quizás le hubiera sido mucho más redituable diseñar una traza alternativa para el área de Tafí. Pero por supuesto, si algún arqueólogo se lo hubiera recomendado explícitamente. b) Independientemente de la buena o mala fe de los actores, de los tiempos administrativos, de los canales formales e informales, de la buena o mala comunicación con la Empresa, el hecho concreto es que existieron falencias teórico-metodológicas arqueológicas, que en gran parte nacen en la etapa de proyecto para luego reproducirse en la de construcción, las que no fueron detectadas ni corregidas por las autoridades de aplicación. La reseña de hechos expuestos por Aschero indica que tanto los organismos existentes del ámbito provincial como la comisión creadas para tal fin dentro del ámbito universitario, no realizaron controles de la gestión arqueológica. 2.
¿ cómo evitar que estas situaciones sigan produciéndose
? Sin embargo, las leyes solas no son suficientes sin la voluntad política gubernamental que arbitre los fondos para que las autoridades de aplicación realicen los controles de gestión a los trabajos ejecutados por un profesional, cualquiera haya sido su forma de selección. Trabajar en una legislación de preservación del patrimonio arqueológico que asegure la ejecución y financiamiento para los controles de gestión puede ser la clave pero no soluciona el ahora. Al respecto, la realidad me cachetea continuamente en terreno cuando por un lado relevo áreas a ser afectadas por la construcción de una obra privada, mientras que al mismo tiempo una empresa provincial realiza grandes movimientos de suelo, generalmente relacionado con obras viales, sin ningún tipo de evaluación de impacto previo. Estos hechos debilitan el accionar profesional arqueológico. Por otro lado, los organismos e instituciones científicas son en parte responsables de la falta de conciencia pública para la toma de valor del patrimonio arqueológico, ya que no estimulan la realización de trabajos de divulgación científica por parte de su plantel de investigadores. De
acuerdo al artículo 3 de la Ley Nacional 24.585 del Código
de Minería, Minera Alumbrera Ltd. es legalmente responsable del
daño causado al patrimonio arqueológico tafinista.
Sin embargo, considero que moralmente existen muchos responsables,
ya que tanto las instituciones del ámbito científico-académico
como de aplicación, como así también los arqueólogos,
tienen y tenemos gran partes de responsabilidad en lo acaecido. Esto se
debe principalmente a: Paralelamente al trabajo de la creación de leyes, quizás podamos invertir la energía en pequeñas cosas pero que juntas causen un gran efecto. Me refiero específicamente a medidas que surjan tanto de la comunidad arqueológica como de los organismos de aplicación para la preservación del patrimonio cultural, a través de sus asesores y/o personas competentes en el tema que ellos dispongan. Algunas
de estas medidas serían: Los acciones mencionadas, y seguramente otras más que lleven agua al molino, pueden encarar en forma paralela el desafió de la creación de leyes y lo que es aún más importante sus reglamentaciones. Finalmente, solo espero que la evaluación y crítica del caso Tafí permita a los arqueólogos decir Nunca más. BIBLIOGRAFIA
CITADA: NOTAS:
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