TECNOLOGIAS

ESTUDIOS DE IMPACTO AMBIENTAL

 

PAGINA INICIAL
IMPACTO AMBIENTAL
PAGINA INICIAL
IMPACTO DEL DESARROLLO URBANO EN LA RIBERA
 
Ricardo E. Pérez García
 
   

Hace 500 años, la topografía original del territorio que hoy ocupamos en la ciudad y sus alrededores, se evidenciaba en un paisaje casi llano, con suave declive (denominado terraza alta), que finalizando en una barranca (como podemos hoy ver en la calle Corrientes o Córdoba y Paseo Colón), continuaba hacia el río en una terraza baja que se inundaba con mareas o crecientes. Todo ello con una rebosante vegetación y fauna autóctonas.

Cuando se le sumó la acción del hombre, la necesidad de controlar el ambiente en beneficio propio, y su capacidad de inducir cambios a través de la inteligencia ingenieril y arquitectónica, se advirtió un logro en la mejora de su condición de vida, alojamiento, y oportunidad de progreso. En un principio el desarrollo cursó casi en equilibrio con la naturaleza.

Pero, cuando la voracidad humana avanzó sobre lo que creía necesario para la subsistencia, invadió deliberadamente un territorio que se modelaba según fuerzas emanadas del medio físico, creando tensiones y conflictos. Es así que advertimos la evidente interrelación entre “megaciudad” y “ambiente ribereño”. El territorio costero se transforma en un campo de batalla con fuerzas e intereses en pugna. Atacamos con un murallón y recibimos violentos choques de olas durante tormentas, las que de otra manera romperían tal como pueden hacerlo en las playas arenosas. Rellenamos terrenos para avanzar quien sabe hacia donde, y recibimos a cambio estancamiento de aguas de drenaje pluvial y el acoso de las aguas del río que intentan enseñarnos su dinámica, quitando donde hemos puesto material indebidamente, y añadiendo donde es energéticamente propicio.

No siempre hombre y naturaleza están de acuerdo. ¿Pero que hacer para conservar el equilibrio?

Lo ideal es recurrir a una diplomacia de buenas relaciones con el ambiente y, en gran parte de los casos operar según la estrategia de: “Sinergizar esfuerzos en conjunto con el medio físico”. Esto es diseñar el medio urbano, en acuerdo con la naturaleza.

Es un hecho reconocido que la población costera ha aumentado notoriamente en todo el planeta en las últimas décadas (casi el 60 % de la población mundial -3.000 millones- vive dentro de una franja costera de 100 km), y se prevé que en la próxima generación, las costas albergarán casi 6 mil millones de personas, algo más que la población actual total. Nuestro país y la ribera bonaerense no son una excepción, anticipando que, durante los próximos años se espera un crecimiento aún mayor que el ocurrido hasta el presente, algo que se percibe si consideramos la elección que un sector de la población esta teniendo respecto de barrios cerrados, muchos de ellos en la franja litoral. Hay un claro incremento de la presión sobre el ambiente costero, que debe gerenciarse adecuadamente para maximizar el beneficio humano, minimizar la alteración sobre el ambiente, economizar los esfuerzos actuales y evitar el traspaso de una carga de inversiones futuras en restauración ambiental. La clave: orientar las acciones antrópicas anticipando las respuestas de la naturaleza.

Sabemos que el crecimiento y la prosperidad económica de una zona crea oportunidades laborales, instalación de infraestructura, e industrias. Pero, como contracara, sobrecarga el ambiente con una incrementada producción de residuos, mayores volúmenes de escurrimiento, pérdida de espacios verdes y hábitats de vida silvestre, y aumento en la demanda de tratamiento y conducción de las aguas servidas. Así, aquellos atractivos que movilizaron la elección por la zona ribereña se ven degradados y depauperados por el crecimiento poblacional, fenómeno conocido como superación de la capacidad de alojamiento o de carga del ambiente.

A principios del siglo pasado, la ribera quedaba próxima a las zonas mas pobres, y era usada para esparcimiento y recreación, situación que en la actualidad ha cambiado. Hoy se observa que allí se están asentando grupos humanos de medianos a altos ingresos, con lo que ha incrementado el valor de las tierras y la pérdida de algunas de las características singulares del sitio. La ribera se ha estandarizado con el resto del medio urbano, lo que no necesariamente significa un síntoma de progreso. La observación demuestra una severa pérdida de la funcionalidad de este ambiente. Por otra parte, también se evidencian antiguos sectores hoy improductivos desde todo punto de vista, con espacio ocioso y deteriorado o de abandono (industrias, zonas de acopio, etc.), que deberían recuperarse para espacio público, o integrarse adecuadamente a la funcionalidad de la ecozona ribereña.

Además, es interesante mencionar y no olvidar, que nuestra ribera se inserta en el tramo de 200 km de costa que existe entre San Nicolás y Ensenada, espacio que concentra el 60 % del producto bruto industrial de la Argentina. A todas luces es claro advertir la incidencia de un alto grado de perturbación, contaminación, conflictos e impacto ambiental en toda esta franja litoral.

Según este esquema, podemos identificar que el desarrollo de nuestra ciudad ha cursado dos etapas diferentes. La primera, con una acción humana de tipo funcional, en la que el hombre se adaptó al ambiente original y; la segunda, de tipo formativa, en la que se introdujeron cambios para beneficio del puro ambiente urbano.

Es imperativo entonces, comprender que muchos de los problemas que surgen de la megaurbanización e indiscriminada ocupación del suelo están asociados con la ausencia de una planificación integrada y a la carencia de una información adecuada acerca de los procesos de la zona costera, a lo que se suma en parte la ignorancia o minimización de los impacto de algunas acciones sobre las aguas ribereñas. El tipo de uso del suelo en este sector, más que un asunto de naturaleza estética ha de considerarse como un factor decisivo para la salud de la zona litoral.

No resulta ajeno a esta zona, la transformación del paisaje que podemos sintetizar en los siguientes procesos sucesivos.

· Una Perforación inicial.Donde se observa el establecimiento de elementos extraños en una matriz homogénea.

· Le sigue la Disección, producida por el corte de la matriz mediante franjas y unión de los parches de perforación.

· Posteriormente se produce la Fragmentación, es decir la ruptura de la matriz original en parches del ecosistema original.

· Luego sobreviene el Achicamiento, con reducción de los parches originales.

· Y finalmente la Desaparición del ambiente original.

Esto último es lo que debemos evitar.

Ahora bien, identificar los impactos ambientales de esta zona requiere en principio realizar una breve descripción de las CaracterísticasNaturales.

· El relieve continental de la zona presenta una suave morfología ondulada, con baja pendiente regional y un medio estuarial afectado por el régimen mareológico.

· El cuerpo fluvial avanza con una corriente en dirección SE, y gran capacidad de transporte de materiales en suspensión (mayormente arcillas), que al tomar contacto con el medio salino se agrupan o floculan y sedimentan.

· Menos conocida es una corriente tractiva, próxima a la costa, con transporte de material por tracción y saltación, en dirección NE, expresada mayormente durante las sudestadas.

· Estas tormentas episódicas, con ocurrencia entre abril y agosto disparan a su vez, un efecto embalse de las aguas del Río de la Plata y de los arroyos de la Ciudad de Buenos Aires.

· Por último, y sintetizando identificamos los ríos de la zona como de tipo efluente de las aguas subterráneas. Esto es que cualquier contaminación que se produzca en los acuíferos, en alguna medida llegará al medio fluvial (por. ejemplo el lavado de contaminantes en rellenos sanitarios mal manejados o clandestinos, los vertidos sobre el suelo de residuos tóxicos o peligrosos, derrames, etc.).

En cuanto a las Características Antrópicas destacamos las siguientes:

· Una alta urbanización.

· En algunos casos una ocupación impropia del territorio, y en otros una inadecuada o nula planificación urbana.

· La antropización ha producido una modificación del relieve original.

· Y con ella un enmascaramiento de la red de drenaje original. La divisoria de aguas que en el ambiente de llanura adopta forma de franja, ha sido alterada por la acción humana.

· Se observa el emplazamiento urbano y poblacional en zonas inundables de la ribera.

· Una inevitable impermeabilización de superficies (pavimentos, construcciones de diversa naturaleza, etc.).

· La disminución de espacios verdes.

· El endicamiento de aguas por el Espigón viario del Tren de la Costa.

· El loteo y ocupación de terrenos cuyas cotas se hallan por debajo de los niveles de inundación.

· El deterioro y contaminación de los acuíferos.

· La contaminación por los arroyos metropolitanos que conducen efluentes cloacales clandestinos.

· La presencia de descargas clandestinas de residuos.

· Y de gran importancia, las modificaciones permanentes de la línea de costa por rellenos, y diferentes obras de defensa costera en marinas y náuticas.

Del reconocimiento efectuado, podemos mencionar que la acción humana en el siglo pasado (XX), ha motivado la expresión de algunos ImpactosAmbientales significativos en diferentes sitios de la línea de ribera, quepodemos resumir a continuación.

· Una modificación antrópica de la original topografía o antropización topográfica, con una imposición de la escena urbana.

· La edificación de escalones o desniveles artificiales a contrapendiente de la original terraza baja, con aumento de la altura en dirección a la ribera, mediante el relleno de escombros y materiales cuya aptitud se desconoce, para ganar terrenos al río y urbanización.

· Con ello se han creado superficies inundables en el interior, por detrás de los rellenos, a causa de la escorrentía retenida, debiéndose en algunos sitios recurrir al empleo de bombas de achique para impulsar las aguas pluviales al río.

· No es difícil aventurar la posibilidad de un riesgo sanitario incrementado, derivado de la proliferación de vectores volantes en las aguas de escurrimiento endicadas, y presencia de roedores que en las zonas de endicamiento y relleno ven favorecida su oportunidad de hábitat y alimentación.

· Los fenómenos erosivos en la superficie de las parquizaciones de las áreas de relleno son evidentes, pues en la mayoría de los casos no se han ajustado las pendientes al valor óptimo para el escurrimiento.

· Algunos rellenos han producido una afectación de los humedales, y se ha facilitado el lavado pluvial de contaminantes hacia el río, con incidencia negativa en la calidad de las aguas.

· Debe hacerse notar además, que los rellenos cambian el contorno costanero en equilibrio, alterando la configuración de la incidencia de los patrones de olas, lo que deriva en erosión o sedimentación en sitios indebidos. Estos cambios inducidos en la dinámica litoral promueven persistemente nuevas modificaciones en la forma de la ribera. Ha sido demostrado que entre 1907 y la actualidad, la línea de costa comprendida entre Tigre y Capital ha avanzado un promedio de 700 m. Un curioso ejemplo es el cabo SanIsidro, de condición erosiva, que ha avanzado 40 m por los sucesivos rellenos.

· La movilización de estos materiales inconsolidados puede finalizar con la obstrucción de la desembocadura de arroyos y descargas pluviales, favoreciendo inundaciones y retención de contaminantes en la redes.

· Es notoria la contaminación producida por los arroyos metropolitanos que conducen efluentes cloacales clandestinos.

· La presencia de contaminación de las aguas fluviales con metales pesados introducidos con los vertidos industriales, además de detergentes e hidrocarburos obliga a intensificar la cloración de las aguas durante la época estival, elemento que en exceso conspira contra la salud humana por sus efectos adversos en la mucosa gástrica.

· Ya casi han desaparecido las playas naturales.

· Es manifiesta la pérdida de espacios verdes, y con la desaparición de la vegetación costera la pérdida de la función estabilizadora de los sedimentos.

Se pueden agregar además 

· Cambios en la red de drenaje superficial, con superación de la capacidad de drenaje. externo e interno.

· La disposición en la ribera de deshechos procedentes de la navegación y los deportes acuáticos.

· La degradación del paisaje costero.

· Pérdida de la unidad, singularidad y función del paisaje ribereño, y su efecto de amortiguamiento o tampón ante las inundaciones.

· Cambios en la estructura de la propiedad y en el modelo de distribución espacial, con afectación de la permeabilidad transversal de especies por los bloques de urbanización.

· Además, la costa se fue transformando en un corredor vial, con impacto en la calidad del aire y la sonoridad, por un tránsito incrementado en este corredor, máxime por la presencia del puerto.

· Esta tendencia hacia el deterioro y saturación de la capacidad de carga de la costa, ha sido también el resultado de algunas alteraciones de la disciplina legislativa y de planificación urbanística; fallos a nivel de intervención de los poderes públicos en la gestión de la ribera y la ausencia o vacíos de información específica acerca de los aspectos ambientales.

Como resultado de la experiencia ante situaciones similares en otras zonas costeras y por los resultados satisfactorios obtenidos, es de interés proponer o estimular las Medidas Mitigadoras señaladas a continuación.

· Establecer criterios de rechazo a determinadas actividades o instalaciones, en favor de la conservación de la integridad paisajística de las unidades reconocidas.

· Enfatizar en la comprensión de la naturaleza sistémica e interactiva de los temas urbano-costeros.

· Insistir en el saneamiento de la ribera (control de la contaminación, efluentes, descargas, residuos, etc.). y de las desembocaduras de los principales ríos y arroyos.

· Potenciar las acciones de saneamiento de las cuencas que drenan en el Río de la Plata es de vital importancia, pues su contaminación conjura en forma permanente en favor de una lenta pero persistente degradación del dominio ribereño.

· Recuperar y jerarquizar los espacios públicos ribereños existentes para uso público y promover la creación de nuevos núcleos que generen un corredor verde.

· Articular estrategias de manejo costero con los municipios ribereños, pues el medio natural y su expresión fenomenológica no entiende o reconoce divisiones políticas. Es fácil comprender que problemas ambientales surgidos dentro de una jurisdicción, pueden impactar en el dominio de otra, debiendo entonces con una estrecha y activa participación interjurisdciccional anticipar las respuestas y mancomunar esfuerzos para reducir efectos nocivos.

· Educar e informar a la población, desde los primeros años de formación, acerca del rol y la importancia de las zonas costeras e integrar en las currículas de los diferentes niveles, casos de estudio de megaciudades costeras.

· Establecer una red de intercambio de información acerca de la problemática y soluciones adoptadas por megaciudades costeras.

· Persistir en la convocatoria a la participación pública, impulsando su adhesión y participación en las decisiones que afectan la utilización, reparto y gestión de los recursos de la zona ribereña.

· Promover la unificación de criterios en las autoridades de aplicación de control ambiental en todos los municipios de la ribera.

· Rejerarquizar la evaluación de impacto ambiental de los proyectos relevantes, no como un mero requisito administrativo sino como un verdadero instrumento que permita anticiparse a los hechos de severo impacto presente y futuro.

· Es de gran importancia alentar a que todas las autoridades estén activamente involucradas durante el curso de los proyectos en la ribera, junto a las adecuadas organizaciones no gubernamentales.

· Alentar y reconocer que un programa o plan de gestión de manejo de la zonas litorales urbanas es una herramienta imprescindible para el desarrollo sustentable de las megalópolis costeras, en tanto se exprese a través de una institución permanente, con algún grado de autoridad de aplicación, con normas e instrumentos legales, con recursos humanos, económicos y de infraestructura; actores comprometidos y competentes y una información científica y técnica adecuada.

Vale mencionar que, como ejemplo de desafío a la tradicional doctrina urbanística, la ciudad de Curitiba acometió la solución a muchos problemas similares a los nuestros con técnicas sencillas de diseño en armonía con la naturaleza: convirtió en parques muchas riberas fluviales y construyó lagos artificiales en prevención de inundaciones. Se plantaron árboles en abundancia en los parques y se transformaron fábricas y otros edificios ribereños en centros de recreo, aumentando el espacio verde por habitante. No se esperó el colapso final.

Por tanto, para concluir, expreso que elrumbo que debemos seguir es intentar reconstruir un ambiente ribereño original en el que la participación humana solucione conflictos con la naturaleza y adopte pautas de desarrollo no con mayordomía sobre, sino en armonía con el ambiente. Según los considerandos de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ha llegado entonces el momento de Recomponer.

 
   
 
 
 
 
 
   

 

SUBIR
Copyright DSOSTENIBLE 2005©