|
Los residuos en el contexto de
la luminotecnia
Problemas y opciones
La evolución de todo un
accionar encaminado a mitigar los problemas causados por las
enormes masas de residuos sólidos generadas, se observa en
forma global y creciente.
Cada vez con más frecuencia
las comunidades enfrentan problemas de contaminación de aire,
suelos y aguas; de agotamiento de vertederos en actividad; de
escasez de tierras para la construcción de nuevas
instalaciones; y de costos crecientes. Cuestiones relativas a
la reducción en la disponibilidad de recursos naturales no
renovables y las asociadas al agotamiento de la capa de ozono
o del cambio climático, están exhibiendo una paulatina, pero
creciente evidencia.
Cualesquiera sean las
motivaciones, acompañando a una cada vez mayor preocupación
pública, se generan constantemente nuevas regulaciones,
aportes en investigación, desarrollo de tecnologías,
estrategias económicas y financieras, políticas
educacionales, siendo notable el retraso argentino en el
contexto internacional.
Como una de las formas de
reducir la corriente de residuos que llega a un vertedero o
relleno sanitario, el reciclaje ha tenido y tiene enorme
valor. Sin embargo, el reciclaje es la última etapa de una
cadena de actividades, cada una de las cuales presenta costos
asociados y problemáticas propias que deberán ser evaluados
al calcular los potenciales beneficios de un programa. Decimos
que el reciclaje es la última etapa ya que sólo se produce
cuando un nuevo producto que contenga a los materiales
recuperados (materiales secundarios) aparece en el mercado
para su venta y posterior consumo/uso.
Tomando como ejemplo a los
residuos provenientes de los sistemas de iluminación, debemos
considerar, en principio, que salvo que se trate de una obra
importante de renovación en masa, la generación de estos
ítems resulta dispersa, aleatoria y de pequeña escala. Tal
vez esto justifique la casi inexistencia de datos
estadísticos sobre la participación porcentual que, dentro
de la corriente de residuos, tienen lámparas y tubos, cables,
interruptores, luminarias, etc. Es de resaltar la importancia
que estos datos tienen a la hora de establecer la
disponibilidad de materiales para su inserción en un programa
de reciclaje.
Con respecto a la recuperación
de materiales, el sector eléctrico colabora con una gama de
productos que implican dificultades crecientes de cara a la
intención de reciclar. Y esto es así, ya que la
recuperación resulta más eficaz y menos costosa en la medida
que los productos presentan la menor cantidad de mezclas de
materiales, y en la medida que esos materiales sean
fácilmente separables entre sí, ya sea por el propio
generador, por un procesador o por soluciones
tecnológicamente simples.
Lo dicho no implica la
imposibilidad de que se produzca la recuperación, el hecho es
que la situación resulta más compleja, justamente cuando los
productos se tornan más complejos. En el caso específico del
alumbrado público, un ejemplo de relativamente baja
complejidad, sería la recuperación de cobre a partir de
conductores, que es una actividad históricamente desarrollada
por la cadena de recicladores informales. Aunque hoy existen
máquinas más modernas y más eficientes que permiten la
obtención de cobre con importantes grados de pureza. Esto es,
desde una línea de equipos pequeños (200 a 300 Kg/h), que
trabajan con etapas de trituración, lecho de agua para la
flotación de los plásticos y túnel de secado para el cobre;
se desarrolla toda una línea de equipos de mayor porte, donde
las operaciones unitarias se van combinando en función de la
sofisticación del tipo de cable alimentado.
Un caso de complejidad
intermedia está representado por los balastos
electromagnéticos, los cuales pueden ser desarmados rompiendo
el poliéster y sacando los tornillos para, luego de extraer
la bobina. De esta manera, mientras que el hierro y el cobre
pueden ser enviados a procesos de reciclaje mediante
fundición, para el poliéster se podría analizar la
factibilidad de adicionarlo como carga en mezclas para
construcción civil.
Las lámparas nos ubican frente
a una situación más conflictiva. Por un lado, el vidrio de
lámparas se considera contaminante en los procesos de
reciclado convencionales, es decir, en procesos que son
alimentados a partir de la típica selección de vidrios de
acuerdo a su color (blanco, ámbar, verde).
Por otro lado, las lámparas de
mercurio a alta presión, las de sodio a alta presión, las de
halogenuros metálicos, y las fluorescentes, contienen
mercurio (Hg), el cual, debido a que es altamente tóxico por
absorción cutánea e inhalación de vapor, y porque en el
largo plazo es neurotóxico y puede causar defectos
congénitos, ha llevado a listar como peligroso a todo residuo
que lo contenga.
De acuerdo a esto se podría
pensar que la gestión de estas lámparas, cuando son
desechadas, debería encuadrarse, a nivel local, bajo la
legislación específica para residuos peligrosos, sin
embargo, el generador de un producto con un componente tóxico
no es, actualmente, responsable por su disposición, lo cual
es opuesto al caso de los generadores industriales de residuos
peligrosos. Resulta interesante observar que el límite
máximo aceptado para el contenido de mercurio, en barros de
plantas de tratamientos de efluentes industriales destinados a
rellenos sanitarios con residuos sólidos domésticos, es de
0,1 mg/l; mientras que cada lámpara fluorescente o de
descarga contiene, según catálogos de fabricantes, "una
gota de mercurio de pocos miligramos de peso". Quedando
claros los potenciales efectos contaminantes, a través del
lixiviado de residuos, de cada lámpara.
La presencia de cantidades
traza de mercurio en los lixiviados de los vertederos, en las
cenizas o en los gases producidos por los incineradores, o en
las instalaciones de compostaje, ha incentivado el desarrollo
de tecnologías para permitir la recuperación del mercurio
contenido en las lámparas desechadas, y así eliminarlo de la
corriente de residuos.
Es decir, lo que cada día
cobra más importancia, en los países más avanzados, es la
separación de constituyentes peligrosos previo a pasar a otra
etapa de la gestión de residuos. Esas tecnologías abarcan
desde máquinas modulares, que trituran las ampollas y empacan
los residuos en contenedores especiales para su posterior
procesamiento o reciclado, hasta instalaciones de escala
mayor.
Tal es el caso de Osram, que a
principio de la década del '80 desarrolló un proceso para
lámparas fluorescentes, logrando a través de los años tasas
de reciclaje del 90 al 93% en peso. Dicho proceso permitió,
en la mitad de los '80, el establecimiento de un gran sistema
de recolección y reciclaje. En Alemania, las compañías de
disposición de residuos y varias fábricas de lámparas
fundaron el Lamp Recicling Working Group y, a partir de ahí,
se recuperan materiales secundarios de la corriente de
residuos y se los utiliza en la producción de nuevas
lámparas.
Debido a que las lámparas
difieren grandemente en diseño y contenido de materiales, por
mucho tiempo resultó imposible un reciclaje completo.
Actualmente un nuevo desarrollo permite el reciclaje de todo
tipo de lámparas (vapor de sodio de alta presión, lámparas
de vapor de mercurio, lámparas de halogenuros metálicos). En
dicho proceso los vidrios rotos y el scrap, que no pueden ser
vueltos a la alimentación de la producción, son convertidos
en vidrio o, mediante un proceso especial, en "foam
glass". Este material, que es muy buen aislante térmico,
fuerte, impermeable al agua y de bajo peso específico, puede
ser usado en fundación de caminos, sistemas de drenajes o
como aislante.
Un dato muy interesante es que
a partir del reciclado de uno de sus modelos de lámparas, la
empresa Osram logra no solo reciclar el 100% del vidrio y del
aluminio, sino también del fósforo, logrando así reducir a
la mitad el consumo de energía que le demanda la producción
de tal elemento.
Por supuesto, todas estas
iniciativas desde el sector industrial privado necesitan del
respaldo de una legislación adecuada que promueva firmes
criterios de equidad, y son variados los esfuerzos, que a
nivel internacional se generan constantemente, por ejemplo
"The Universal Waste Regulations for Hazardous
Lamps" de Texas (US).
La situación local parece
estar evolucionando positivamente, ya que los proyectos de ley
presentados en la Pcia. de Bs. As. durante el último año
para la gestión de residuos sólidos urbanos, prevén la
existencia de programas selectivos para residuos peligrosos.
Es de recalcar que lo dicho para el caso del mercurio es
extensivo a una gran variedad de elementos, por ejemplo,
Arsénico (recubrimiento de cables), Selenio (electrónica,
fotocélulas), Cadmio (pilas, cables de transmisión de
energía eléctrica, electrónica), Plomo (recubrimiento de
cables, acumuladores), Plata (conductores eléctricos,
electrónica, células solares), etc.
Al planificar tareas de
recuperación/reciclaje, resulta de fundamental importancia:
verificar la existencia de potenciales mercados consumidores
de los materiales recuperados, evaluar la capacidad de consumo
de esos mercados, determinar la distancia desde la fuente de
generación hasta el mercado consumidor, y conocer los
requerimientos y especificaciones que, para los materiales
secundarios, imponen esos mercados.
Recuperar materiales sin que
exista demanda para ellos, o bien si la demanda resulta
inferior a la oferta, podría resultar en importantes
cantidades de materiales acopiados sin destino final. Tal es
el caso de vidrios utilizados en ópticas que no son admitidos
por los recicladores por afectar la temperatura de fundición
de la mezcla.
Contar con un consumidor muy
lejano, atenta contra la costo-efectividad del programa. Desde
el análisis de un operador privado, el costo de flete puede
llegar a licuar las utilidades provenientes de la venta de los
materiales; mientras que para la evaluación desde el punto de
vista social, podría ocurrir que el impacto ambiental
negativo de las emisiones gaseosas a partir del transporte
fuera mayor que el producido por disponer directamente a los
residuos.
Aunque difícil, la tendencia es a ir tratando de internalizar
los impactos ambientales en las ecuaciones de costo –
beneficios.
No respetar o no lograr el
cumplimiento de las especificaciones de los consumidores,
incrementa los rechazos y puede llevar a la ruptura del
contrato, por ejemplo altos niveles de contaminación por
plásticos en el cobre recuperado, a partir de conductores.
Es decir, que al evaluar la
viabilidad de un plan de reciclaje, que necesariamente debe
hacerse material por material, se deben considerar las
condiciones locales en factores tales como: salud humana,
riesgos ambientales, costos de gestión (capital, costos
operativos y costos de recolección/transporte),
disponibilidad de tecnologías, condiciones de mercado para
materiales secundarios y aceptación pública. Una política
nacional de gestión de materiales debería alentar la
completa consideración de esos factores. Además, una
estrategia de gestión de materiales debería ser flexible, es
decir, una metodología elegida sobre la base de variaciones y
limitaciones locales y regionales, y cambios de esas
condiciones en el tiempo.
La existencia de ciertas
barreras al desarrollo del reciclaje ha motivado esfuerzos en
la reducción. Esto significa reducir tanto cantidades de
residuos generadas, como toxicidad de lo generado, e involucra
a los fabricantes en la etapa de diseño de los productos, y a
los compradores, en relación con sus hábitos de consumo y de
compras.
En el campo de la luminotecnia,
son constantes los esfuerzos en este sentido: menor contenido
de mercurio y mayor vida útil en lámparas, actúan
favorablemente en la reducción de cantidad y toxicidad de la
corriente de residuos sólidos. Además, el menor consumo de
energía eléctrica, para los mismos niveles de iluminación,
actúa en apoyo a la disminución de emisiones relacionadas
con contaminación atmosférica, en general, y con el cambio
climático en particular.
La reducción de toxicidad
también está asociada a la sustitución de sustancias
tóxicas por otras compatibles con la salud humana o del medio
ambiente. Un feliz ejemplo es la eliminación de los Bifenilos
Policlorados (PCBs) de la constitución de capacitores, los
cuales hoy, especialmente en alumbrado público, contienen
polipropileno metalizado, cuyos residuos podrían ser
destinados a mezclas para fabricación de materiales símil
madera.
Al considerar a los residuos
sólidos como "todos los materiales sólidos o
semisólidos que el poseedor ya no considera de suficiente
valor como para ser retenidos", descubrimos otra opción
para su destino, la reutilización, ya que lo que puede no
tener valor para un individuo, comunidad u organización,
puede tenerlo para otros. Tal es el caso de los refractores de
las ópticas de alumbrado público, generalmente de vidrio
habitualmente denominado de "borosilicato", que como
mencionamos no se aceptan en procesos de reciclado de vidrios,
pero que, si no presentan roturas, pueden entregarse a
empresas que las reacondicionan para su reutilización. Un
dato anecdótico, indicativo de la importancia, que en otras
partes del mundo se le otorga a la creatividad, es el destino
que a las ópticas de automóviles se les ha encontrado en
Holanda como fuentes o ensaladeras.
|
|
Componentes necesarios de la
gestión de residuos sólidos
Como se puede observar
cualquier planificación en la gestión de residuos sólidos
requiere de la previa determinación de la composición de
esos residuos. Por otra parte, esfuerzos en reciclaje o en
reducción, no serán relevantes si a la par no se incentiva
la compra de productos conteniendo materiales secundarios, o
productos que demuestren los progresos obtenidos, por los
fabricantes, en reducción de cantidad o toxicidad.
Debido a esto, cada día
resulta más necesario incrementar el flujo de información,
la educación y la capacitación, como forma de lograr
consumidores más atentos y responsables a la hora de comprar,
de ir incentivando el compromiso hacia la reducción por parte
de los fabricantes y de estimular el uso de materiales
secundarios. Debido a la importancia de una buena
comunicación entre todos los sectores involucrados,
internacionalmente se han ido desarrollando distintos sistemas
de etiquetado que ayudan, a través de la información
consignada en ellos, a la toma de decisiones tanto de
consumidores como de gestores de residuos.
En el caso de la electrotecnia,
sobre todo considerando su creciente asociación con la
electrónica, resultarán muy útiles las etiquetas con
información sobre qué materiales aporta el elemento a la
corriente de residuos, tanto como datos sobre el consumo
energético de dicho elemento; por supuesto, esto nos enfrenta
a la necesidad de un debate sobre formatos, contenidos y
respaldo técnico en la estandarización de dichas etiquetas,
y de la generación de bases de datos de productos por rubro.
En el diseño de políticas
para la gestión y el destino de residuos sólidos no existe
una solución única y definitiva. Como dijimos las
características locales serán determinantes ya que, por
ejemplo, que exista la tecnología para que un material sea
reciclable, no implica que ella esté disponible localmente.
Además, se debería apelar a la mejor tecnología disponible,
o sea, la de máxima eficiencia y la que cumple más
acabadamente con rigurosos estándares en los controles de
emisiones.
Por último, la factibilidad
económico/financiera para acceder a esa tecnología deberá
contrapesarse con la magnitud del impacto ambiental asociado a
otros destinos posibles para el material a tratar y con los
costos asociados de esas otras alternativas
Decimos que no existe solución
definitiva, porque el residuo generado es el punto final de un
proceso que involucra políticas de explotación de recursos
naturales, tecnologías de fabricación, diseño de productos,
regulaciones, modas y hábitos de consumo. De esta forma,
implantar criterios de racionalidad en la administración de
las fuentes de materias primas naturales y modernizar las
tecnologías teniendo como objetivo el maximizar la
eficiencia, conducirá a un aumento en la productividad de los
recursos. Por otra parte, consideraciones, tanto durante el
diseño como en el uso o consumo de productos, de que
prácticamente todos los productos terminarán en la corriente
de residuos, irá produciendo menores cantidades de residuos
generados y la formulación de opciones más inteligentes para
el destino final de ellos. Estos conceptos son los que
incentivan las consideraciones que, sobre el ciclo de vida de
los productos, están siendo cada vez más adoptadas por los
fabricantes, a nivel internacional.
Sobre las incumbencias
profesionales
Cada vez más la función del
profesional proyectista deberá ir incorporando la selección
de opciones ambientalmente compatibles. Situaciones
interesantes se dan en el caso del profesional dedicado a
proyectos de luminotecnia. Por ejemplo, en el tema de las
ópticas antes mencionadas, los refractores con dioptras
están siendo reemplazados por excelentes reflectores, capaces
de distribuir ellos solos el flujo luminoso que emite la
lámpara de acuerdo a cada necesidad luminotécnica
específica. Pero es necesario proteger la lámpara de golpes
térmicos, por ejemplo debido a lluvias, que podrían conducir
a su destrucción. Para ello puede usarse vidrio plano o
policarbonato, sin embargo, el vidrio plano tampoco está
siendo admitido por los recicladores locales y, en el caso del
policarbonato, nos encontramos con elementos de una vida útil
menor que los realizados en vidrio.
En el caso del policarbonato en
particular, y de los plásticos en general, se debe destacar,
en principio, su origen compartido: los hidrocarburos, materia
prima por la que estas industrias compiten con la de
generación de energía. Con respecto al reciclaje, lo óptimo
en cualquier material es que se recupere lo más puro posible
para ser reciclado con las mismas características, en un
proceso con la mayor cantidad de ciclos posibles, y para los
mismos usos que el material original. En este sentido, la
opción de reciclar plásticos fabricando productos con
mezclas de polímeros resulta en una degradación de los
materiales y sólo traslada el problema a otros rubros y a un
corto plazo en el futuro.
Nuevas tecnologías como ajuste
automático de iluminación de acuerdo a luz solar,
conmutadores de alta – baja iluminación, controles de
iluminación personalizados, atenuadores de iluminación,
detectores de presencia, probablemente se vayan generalizando
como forma de reducir el consumo energético, para
iluminación o actuando sobre los requerimientos de
acondicionamiento de aire, colaborando en el ahorro de
combustibles fósiles y en la disminución de emisiones
precursoras del cambio climático. Sin embargo, el aumento en
la complejidad de los equipos y, por lo tanto de los
potenciales residuos; la disminución de la vida útil de
algunos componentes, por incremento de encendido – apagado;
y hasta el aumento en algunos casos de los requerimientos en
calefacción, nos demuestran la importante red de
interconexiones entre los diferentes aspectos ambientales y la
imperativa necesidad de una meticulosa evaluación en cada
paso de la confección de un proyecto.
Por último, es de esperar que
en la implementación de sistemas de gestión ambiental, bajo
estándares ISO14000, se vayan incorporando metas de
reducción, como así también de recuperación de materiales
destinados a reciclaje, para residuos generados a partir de la
iluminación.
|